Como un pájaro raro que llegó al festín de los monos

En serio, no sé qué me pasa. Y eso que me pasa lo de siempre. Pero más y peor. O es que ahora me doy más cuenta.
Es que parece que no paro de llamar a puertas, que no me abren porque en realidad son paredes. Que mi expresión oral y escrita siempre es contraproducente en cualquier idioma. Que estoy siempre en el punto donde los dos extremos se tocan, meridiano 0 y 360 de la bipolaridad.

Y encima vuelvo a escuchar al último de la fila. Viva la cacerolada de la piedra redonda.

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