Antes de que amanezca

Acabo de ver, en versión original, el principio de “Antes de que amanezca”. Al principio, la pareja protagonista, aun no se conocen, viajan en un tren, leyendo cada uno su libro. De repente, una pareja madura se lía a discutir en alemán. Los protas no entienden ni papa, y se van al vagón restaurante, a conocerse.

Es una de mis películas favoritas. Y solamente la he visto una vez, y casi podría decir que solamente la escuché. Fue en aquella temporada en que me rompí el escafoides, y pasé todo el verano con el brazo vendado hasta el sobaco casi. Muchísimo tiempo libre. Pasaba las tardes/noches haciendo un puzzle de 2000 piezas, que representa una parte de “las tres edades de la mujer”, la parte bonita, la que sale en todos los posters y estampados, las dos primeras edades.

Pues bien, además de hacer puzzles, un amigo me había dejado unos cuantos devedeses llenos de películas, todas dobladas al castellano, que yo veía (o escuchaba) una detrás de otra. Y esta película me impactó. Creo que ninguna película que he visto trata de manera tan sincera el amor y las relaciones. Porque nunca explica todo, porque los personajes se esconden, tienen miedo, pero también tienen miedo a perder la oportunidad. Y hablan tanto como ocultan, y a lo mejor nos perdemos partes de la historia, pero da igual.

10 años después, el mismo director fue a buscar a los mismos actores, e hizo una segunda parte: “Antes del atardecer”. Que la industria cinematográfica, que es una industria al fin y al cabo, haga estas cosas me parece la hostia. Acabas una peli y piensas, qué habrá sido de esa gente. Pues diez años después te lo explican. A lo mejor te gusta o no, pero la continuación me parece tan creíble y emotiva como la primera parte.

Cuando escuché estas películas por primera vez no estaba metido en este rollo de idiomas intensivos, y pillaba a medias las frases en francés doblado en francés-español. Ahora me ha sorprendido entender por encima sobre qué discutía la pareja en el tren. Y la gracia de esa escena era precisamente no entenderles. A veces nos esforzamos en entenderlo, aprenderlo, destriparlo todo y dejamos de ver lo que tenemos delante.

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