Los descendientes

Ayer fui a mi primer día de rebajas de verano.
Después del trabajo, hice un doble transbordo, FGC-Metro-FGC para ir al Gran Vía 2. Un centro comercial que se supone que está muy bien, bien surtido, aunque sea muy hortera y me den ataques de pánico cuando intento salir y solamente encuentro salidas de emergencia. Pues bien, no sé qué pasaba, pero en todas las tiendas en las que entraba, el arco (¡arco y templo!) se ponía a pitar. Primero pensé que debía ser el libro de la biblio que llevaba en la mochila (“La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey”), pero a veces parecía que la mochila sin el libro también pitaba, y no sé si yo mismo sin mochila también. Quizá era el tenedor; supongo que cuenta como arma. En fin, como no podía comprar nada, me fui al cine.

Todo eso es mentira. Había ido expresamente a ver “Los descendientes”, que me enteré en la biblioteca de que la echaban en el ciclo de pelis en versión original. De las rebajas, hasta el domingo, no tenía ni idea. ¿Rebajas en julio? Nomedigas… También he de decir que en el Décathlon sí que pude entrar con armas/objetos robados, pero no compré nada porque se me hacía tarde para la peli y había cola en los probadores.

Llegué con tiempo y como tenía hambre me pedí una caja pequeña de palomitas dulces para pre-cenar. Parecía que íbamos a ser cuatro gatos en la sala, pero lo cierto es que se llenó bastante. Ésta era una película que quería ver desde su estreno, pero como soy un forever alone no conseguí convencer a nadie para verla. Hale, pues ahora la veo yo solo, tarde, y me como todas las palomitas. Hasta los granos de maíz que hacen tanto ruido.

Tendría que escribir una crítica de la película, pero no tengo muchas ganas, aunque me ha gustado mucho. George Clooney es un grosso, pero todos los demás actores lo hacen bien, personas que se sienten más o menos ridículas cuando las circunstancias las superan. A veces solamente queremos tirar hacia adelante, y necesitamos que nos dejen un respiro para saber dónde está ese “adelante”. Pero la vida parece estar hecha para confundirnos…

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