La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

Los aficionados a la fantasía sabemos que, si un libro empieza con el dibujo de un mapa, ese libro tiene que molar. Por narices.
Guernsey es una isla del canal de la Mancha que yo no conocía hasta que vi la película London River, una peli que vi con un amigo en el cine, de rebote, en versión original, inglesa y francesa. Porque la isla está más en Francia que en Gran Bretaña, y el francés es una lengua “legislativa”, según la wikipedia. Y, por su proximidad a Francia, las islas del canal fueron la única parte del territorio británico ocupadas por las tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Siempre según la wikipedia, los nazis invirtieron mucho esfuerzo en mantener el control sobre estas
pequeñas islas, fortificándolas incluso, a las que consideraban territorio estratégico. Los británicos, parece ser que no les dieron tanta importancia. Siempre me han fascinado esas zonas entre países que cambiaron de mano durante las guerras mundiales. Durante años, las fronteras me parecieron algo inamovible, pero no son más que líneas en los mapas.

La protagonista de esta novela epistolar (qué bonita palabra y qué pocas veces tenemos ocasión de utilizarla) toma contacto con la comunidad isleña gracias a una autobiografía de Anne Brontë que ella había escrito*. Me llamó la atención lo difícil que debía ser a principios del siglo XX escribir sobre una persona que vivió en el siglo anterior. Ahora uno puede escribir sobre cualquier tema sin salir de la sacrosanta Wikipedia. Ponga la mano sobre la Wikipedia y prometa decir solamente la verdad, con referencias contrastadas. En fin, en otros tiempos uno debía tirar de
bibliotecas, y viajar si necesitaba un documento que no estaba en la suya, o viajar y visitar a quien lo había escrito. O buscar a los testigos, o a sus descendientes. O, directamente, exponer sus conclusiones o hipótesis. O inventarse algo para rellenar lagunas. En fin, que paren el progreso y desactiven internet. Quiero escribir cartas y lamer sellos, y bailar valses que suenen en discos de cera al atardecer.

Bueno, el libro es fácil, entretenido y agradable de leer. Total, son cartas, la mitad del libro son “querido éste”, “postdata lo otro”. La parte romántica es a la vez previsible y traída por los pelos, pero a veces uno tiene ganas de leer sin complicarse la vida.

Existe un blog dedicado exclusivamente a este libro:
http://pasteldepieldepatata.blogspot.com.es/

* En realidad no es así. Un señor de la isla encuentra un libro con el nombre de la prota y le pide que le mande más libros, porque en la isla están aun un poco aíslados del continente (o de la isla grandota).

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