El viceculo que ha superado la fuerza del culo

Oh, qué interesante, has ido a correr otra vez. Yo el otro día comí melocotones. Creo que voy a hacer un blog de la fruta que como. Eran de viña, eh!.

Bué, sí, era esto o ir a la playa (sin ser el día de la toalla he cargado una todo el día) o ir al bar de los jueves (o algo así) con los del trabajo. Pero me sentía fuerte, no hacía tanto calor y, qué carallo, hay que forzar un poco más la máquina.

Hoy he descubierto la otra ruta. La salida es la de siempre, la entrada del parque en la calle Pujades, luego atraviesas el parque saliendo por el zoo, sigues hasta las dos torres y luego sigues el mar hasta el hotel. Una vez allá, subes hasta el mirador, das una vuelta tonta, vuelves a bajar las ejhalera y no sé cómo (soy incapaz de hacer mapas mentales) vas por el paseo de la Barceloneta, y recorres todo el puerto, los restaurantes y tenderetes, no sé cómo has vuelto a la Barceloneta y vas al Moll de la Fusta, y das la vuelta (pasé dos veces por la entrada a la ronda) y acabas en el parque otra vez.

Esta vez éramos muy pocos. Estaban los Die Hard y los novatos patatas. Y luego yo. Siempre pasa lo mismo, empezamos todos juntos, los pros se escapan, y cuando llegamos al mar, me quedo con el último de la fila. Esta vez fue una chica Malaya. Bueno, es bajita, y dice que hace años que no corre. Cualquiera “que hace años que no corre” acaba barriendo el suelo conmigo. O soy una gran caca, o algo de esos años queda, una reserva de “corredumbre” que yo no tengo.

Pero esta vez no lo he hecho tan mal. Cuando llegamos al hotel vela, los escapados se fueron a hacer la vuelta por no sé dónde, y nos encontramos con un experto, un controlador, que se había quedado a esperar al grupo para guiarlos. Y corrimos con él. Con los grandes. Más o menos fui aguantando, siempre detrás. A veces me quitaba las gafas, para alejarme un poco de la realidad. Pero llegó un momento que me alejé tanto que no sentía las piernas ni el cuerpo ni nada. Estaba mareando, acalorado, la cabeza me latía. Sentía como si fuera botando, como si fuera Pistorius. Me asusté y me paré. Me senté y seguí andando, y ni me di cuenta de que me habían estado esperando. Luego seguí corriendo hasta que me paré en las escaleras de la Estación de Francia. Seguid sin mí! Seguí andando hasta el parque y corrí el último tramo para quedar bien y salir en la foto.

Estaba hecho polvo. Pero al terminar, hacer la foto y hablar un poco, no sé como, me volvieron las fuerzas. Como cuando tenías al Goku en un agujero enorme, con la cara llena de magulladuras (eran unas pupitas de nada ahora que lo pienso) y el ojo medio guiñado, y haciendo ese ruidito, com kk-kk…k..k-kk. que no tuvieron narices de doblar y, cuando el maloso se da la vuelta, empiezan a elevarse piedritas por encima del buraco y sale el héroe volando, con un aura brillante y un peinado tecnicolor… Has ganado una rayita más de resistencia.

Va, pon la foto, nenaza, que lo estás deseando.

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