Bilan.

Fin de curso. Toca hacer balance. Ha sido un año bastante raro, comenzando muchas cosas y sin acabar casi ninguna. En casa, dentro de mi mesa plegable, hay un puzzle de 2000 piezas al que le falta una pieza.

El verano pasado prometía. Cambiar de trabajo, salir del mundo de las consultoras. No hacer vacaciones de verano. Además, iba a volver a la universidad. Me matriculé en la UNED, para estudiar ciencias ambientales. La única carrera mínimamente de ciencias, de ciencias físicas, vivas, de la tierra. Lo más lógico habría sido estudiar informática pero, qué tengo que ver yo con la informática. En fin. Había que rescatar mi expediente de debajo de varias capas de polvo en la facultad de veterinària de la UAB y elegir asignaturas. ¿Dos por semestre estará bien? Además de cuarto de alemán y quinto de francés en la escola oficial. ¿Podremos con todo? Y si no, ¿qué? ¿Petaremos? Pues a petarlo y a petar.
El trabajo nuevo no era lo que esperaba. Pero, ¿qué es lo que esperaba? Y, lo más importante: ¿estaba preparado (técnicamente, emocionalmente, podía dedicar tanto tiempo y responsabilidad) para trabajar en ese “lo que esperaba”? También ese verano comencé a correr. No quiero hacer de correr una filosofía de vida, como tantos, pero sí quiero ser capaz de correr distancias más o menos largas sin cansarme y sin hacerme daño.
En otoño pude hacer vacaciones y gasté todos y cada uno de los días que tenía. Decidí hacer el camino de Santiago, más que nada porque no requería mucha planificación, podía durar lo que yo quisiera (no iba a acabarlo), es un viaje que se puede hacer solo y es bastante barato.

El camino (solamente llegué hasta Burgos) hizo que cambiara mi manera de ver muchas cosas. O hizo que volviera a verlas como antes. O hizo que me diera cuenta de cómo las veía. O… trabalenguas. Estuve a punto de pasar de todo y seguir hasta Santiago, hasta Fisterra, hasta Częstochowa. Pero el “estuve a punto” es la excusa de los cobardes. No, no iba a hacer ninguna tontería. Y volví.
Volví al coro de Gospel que aun me dejaba participar como alumno de prueba, a tomar prestados libros de mates y geología en la biblioteca, a intentar que me dieran trabajo en el trabajo. Pero estuve bastante enfermo y decidí que no pasaba nada si dejaba de cantar Gospel, de estudiar demasiado, de correr cuando no tenía ganas, de pedir trabajo y de comer carne (y luego también pescado).

Me presenté a los exámenes del primer semestre y los suspendí, pero por poco y me sentí bastante satisfecho. Hace 17 años debería haber suspendido en aquella facultad de veterinaria, pero ni a eso conseguí llegar. Suspender es intentarlo.

En fin. Hoy es el último día.
Boas férias.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s