Stuttgart – día 4

O sea, ayer. Es increíble la necesidad que tenemos de establecer rutinas, o de convertir en ellas lo que nos sucede cada día. Mi rutina es, más o menos, levantarme con tiempo de sobra, ca#ar, bañarme, peinarme, desayunar yogur (mi yoguríada: kéfir, leche con mantequilla agria rara, ¿quark?, de soja) mezclado con musli, recoger todo y meterlo en el armario, descansar/pensar/meditar un rato  y largarme. Súper interesante. Vivir en un hotel me recuerda a una peli que vi antes de venir aquí: “Dans la ville blanche”. Y vagabundear en una gran ciudad sin conocer a nadie, en el libro “Les Derniers Jours”.

También es súper interesante que hoy compré el billete de 4 viajes. Es un trozo de papel normal que hay que doblar por la mitad para poder sellarlo cuatro veces, metiéndolo por una ranura. No todo es tan moderno. Por ahora nunca me han pedido el billete.

El trabajo es bastante llevadero. Me sigue dando la impresión de que nadie tiene nada que hacer. Yo sigo con el DotNetNuke, modificando páginas y probando cosas raras, intentando refrescar la memoria. También he hecho una prueba de alemán. Por teléfono, algo bastante incómodo. Al menos la tía fue muy simpática, a veces creo que demasiado. Las preguntas eran bastante indiscretas, pero quedó bastante contenta (y sorprendida). Dice que tengo un nivel de B1.2. Supongo que sí, si en tercero te dan un B1, lo de cuarto debe ser eso. Comer con los compañeros es bastante agradable y estos días hace mucho sol y apetece salir un rato.

Y sigo mirando habitaciones. Un colega me ha pasado una lista de sitios que ha encontrado en internet. Vale, buscar por internet ya lo sé hacer yo, pero la lista está bien porque hay algunas webs que no conocía. También se ha ofrecido a corregir el mensaje que mando a la gente, a ver si me hacen más caso. De todas formas, la semana que viene tengo dos pisos que visitar. Algo es algo. He rechazado algunas ofertas, porque eran claramente un timo (he heredado un piso de mi abuela, pero ahora vivo en Inglaterra), o porque no merecían la pena (cocinas y lavabos compartidos entre 10 micropisos y cosas así). Hasta tengo a un señor que se ha ofrecido a alojarme en couchsurfing. De todas formas, a la salida he ido al albergue Stuttgart International. No es nada barato (27 euros la noche), pero está cerca del centro, el sitio es chulo e incluye desayuno. O sea, que toca atiborrarse para todo el día. Pilgrim spirit!

Después de la visita al Rewe (amo este supermercado, aunque siga teniendo problemas para pagar con targeta), decido salir a correr por el parque. El parque es la hostia, larguísimo, y con paisaje siempre diferente, lleno de animales y gente haciendo cosas. Hay una pista de mountain bike, una especie de terraza-discoteca, barbacoas, las pistas de petanca y ajedrez gigante, lagos. Y hay liebres y ardillas por ahí sueltos. Y montón de gente practicando deportes raros y los amigos ciclistas siempre dispuestos a atropellarte si no te mueves de la manera que esperan.

Porque esto es quizá lo que más me ha chocado. Todo el mundo sigue una ruta (en el tren, el supermercado, paseando) y esperan que tú también lo hagas. Si te paras o te desvías de esa ruta, se chocarán contigo (o te empujarán) y te mirarán con odio. Y esta gente luego son turistas adorables que no se quejan jamás y aceptan cualquier costumbre distinta a las suyas.

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