Las llaves de casa

Ayer me despedí del albergue. Me devolvieron mi carnet de alberguista y los 5 euros de fianza y me llevé todos mis trastos al trabajo. Echaré de menos esos desayunos jevis: panecillos de varias formas e ingredientes, montones de müsli con yogur, frutas y verduras cortadas, tres tipos de queso en lonchas que saben a lo mismo (a nada) y máquinas dosificadoras de mermeladas, mieles y siropes de algo que no sé qué es. Y, durante los tres días del curso, para no interrumpirnos, bocadillos con mucho verde y bretzels gigantes. Está bien no tener que preocuparse por la comida, sobretodo cuando no tienes nevera.

Hoy he tenido otro día tonto, equivocándome de camino en los trayectos que hago cada día, mojándome bajo la lluvia y comiendo ensaladas hechas con latas de conservas del Lidl. Y sigo sin tener muy claro qué hacer en el trabajo. Curiosamente, al dejar todos mis trastos al lado de la mesa donde trabajo, la secretaria que también se encarga de ayudar a los sin techo viene a decirme que en su casa pronto tendría una buhardilla vacía. Le he dicho que ya tengo piso pero, como es temporal y nunca se sabe, me guardo el ofrecimiento. Con los compañeros bromeamos un poco sobre lo que es vivir en una casa con sentencia de muerte. A lo mejor aparezco en las noticias encadenado a la fachada, para que no la tiren.

Bueno, la fachada no es muy bonita. La entrada está en una especie de patio y en la escalera solo hay tres pisos, uno por planta. Cuando entro, me acompaña un señor que no sé si es el casero, pero se lía a hablar muy rápido (para mí) con la chica que me recibió el otro día. Algo de las copias de las llaves. Deben ser las que me da mi compañera (mis llaves!) antes de bajar otra vey y empezar a sacar cosas de un coche. Yo bajo a ayudarla. Son muebles desmontados… y más cosas. No hablamos mucho. Enseguida llega la otra studentina, le doy la mano (sucia de polvo) y se ponen a hablar muy rápido (para mí) entre ellas. Yo sigo cargando hierros y maderas. Bué, al menos me han aceptado. Montamos unas estanterías que bailan muchísimo, pero apoyadas en una esquina, ça va. Mis muebles son: un colchón con una sábana ajustable demasiado pequeña, una silla y una cómoda que sirve de mesa con bastantes cajones. Luego van a buscar tornillos. No tengo ni idea de cómo se dice “tornillo” en alemán, pero tienen una “caja de los tornillos” como la que tienen mis padres. Hay montones de Schrauben (ara sí, tornillos) pero no encontramos ninguno que sirva para montar una cosa rara de metal, que resulta ser un cacharro para poner zapatos. Entre dos conseguimos aguantar la estructura mientras la primera chica que conocí, que solo lleva aquí desde agosto pero parece “la jefa”, la envuelve con celo (scotcher es un verbo muy útil en francés), a ver si aguanta. Luego se ponen a sacar cosas de cajas y repartirlas por la cocina, tirar las cajas a la basura y a colgar un cuadro en el salón. Yo no sé muy bien qué y cómo hacer para ayudar, así que me voy a repartir mis cosas en los cajones y las estanterías. Tengo un par de dibujos con sus cuadritos del Ikea que convierten mi habitación patera en una home-sweet-home al instante. Además, mi ventana da a la calle. Qué bien se está en casa, Hobbes.

La jefa acaba de colgar el cuadro y se encierra (con cerrojo, esto lo sé porque más tarde me equivocaré de puerta), en su habitación. La otra me dice que si quiero cenar. Ja! Y se pone a cortar verduras. Me ofrezco a ayudarla, pero dice que solo hay un cuchillo. Yo voy a buscar mi navaja multi(4)usos, le “truc camping” que compré en un estanco en Chaumont, pero no la impresiono mucho. Así que espero en mi cuarto a que me hagan la cena y comemos juntos. Ha preparado demasiada camida, verduras con una especie de cuscús alemán, pero yo como bastante poco, por vergüenza, no por falta de hambre. Hablamos un rato, en alemán, que les he dicho que no me hablen en inglés, que tengo que hacer inmersión lingüística y esas cosas. Parece maja. Le pregunto que cómo y cuando tengo que pagar el alquiler. El alquiler lo paga ella y yo tengo que ingresar el dinero en su cuenta. Y tengo que pagar una fianza (511 euros) a un chico. Ei, y si van a tirar el piso, quién me devuelve la fianza? Keine Sorge, que el duenyu ha dicho que nos la pagará él. En fin, aun no he pagado ni firmado nada, pero he cenado y tengo donde dormir. Para pagar la cena, me ofrezco a lavar los platos, los de la cena y los de hace días. Lavar platos me relaja muchísimo y al final me voy a la cama sin decir Gute Nacht ni nada. No sé dónde está la gente, es una casa muy larga, un pasillo con puertas a cada lado y un lavabo en los dos extremos. Me vuelvo a mi habitación, que es un anexo de la cocina y me meto en mi saco de dormir. Tendré que comprar una manta o algo. Entra muchísimo frío por la ventana.

Bona nit.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s