Kürbis

Dime una palabra, una sola palabra, y te demostraré que proviene del griego.

De la película “La gran boda griega”. O algo así.

Kürbis. Calabaza. No tengo ni idea de cómo se dice calabaza en griego, pero sé que son cucurbitáceas. Podría buscarlo, pero mola escribir un blog sin internet.

El sábado fui a Ludwigsburg. Sale en todas las guías de sitios chulos cerca de Stuttgart y no está muy lejos, así que fui para allá. Lo único que sabía del sitio ése es que mi compañera estuvo allá trabajando con calabazas. ¿Eso será en Halloween? Pues no, allá la fiesta de las calabazas dura unos cuantos meses.

Ludwigsburg tiene mucha historia, pero todos los carteles estaban en alemán, las explicaciones eran muy largas y usaban palabras muy difíciles. El rey o el emperador Ludwig hizo esto y lo otro, y al final se derrumbó todo por alguna guerra, mundial o no, y luego lo hicios todo de nuevo, y lo pintamos de color pastel súper hortera. Es mejor y más fácil mirar los palacios y los jardines y decir: qué bonito y qué bien cuidado.

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No, en serio, la visita merece la pena. Yo, en principio, no quería pagar por visitar el jardín barroco. Si ya lo veo desde fuera, es un jardín bonito y al lado hay un montón de esculturas friquis hechas de calabazas. Que sí, que merece la pena. Hasta la parte de las calabazas mola. Una exposción de calabazas talladas con la actuación en directo de un maestro gravador de Phoenix, Arizona. Esculturas hechas de calabazas, mercado de calabazas, la calabaza más grande del mundo, licor de calabaza, salchicha de calabaza, mermelada de calabaza… Los alemanos inventaron el término kitsch por algún motivo. Si conseguimos huír de las calabazas, entramos en la parte de los cuentos de hadas, con autómatas que asustan a los niños y explican la historia de la bella durmiente y otros personajes de Walt Disney que los hermanos Grimm se dedicaron a copiar. Lo mejor es la torre de Rapunzel. Bueno, y las cabras vivas, el único contacto cariñoso que he tenido con un ser vivo desde que estoy por aquí. Sí, doy pena, eh?

No doy tanta pena, porque volví a casa muy contento, con una calabaza de la variedad Hokkaido de recuerdo. Se la enseñé muy orgulloso a la experta y se puso contenta. Dijo que esa variedad estaba muy buena, Mi idea era tallarla también.

Al día siguiente, mientras esperaba al nuevo alquilino (esta palabra me encanta), intenté sacar toda la pulpa y asé el contenido. Cuando vino la experta, me dijo que no, que se come todo. He dejado la cáscara encima de la nevera, pero creo que se va a pudrir. Ya veremos. El vikingo resultó ser otro informático, que viene aquí para un seminario de astrofísica. En serio. Es bastante majo y fue un placer enseñarle la ciudad. Es la primera vez que paseo con alguien y mola hacer ver las cosas a un turista con los ojos de otro turista. Por la noche les hice de cenar a los dos, espaguetis con salsa bolognesa de calabaza y unas cosas raras de soja seca. És molt estrany tot plegat. No hace ni un año que soy vegetariano y estoy evegangelizando a la gente de por aquí. Mi compañera dice que su hermano es vegano y le gusta comer así a veces. Creo que también es que le da palo cocinar.

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Es la segunda calabaza más grande que he visto nunca:

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Mi móvil se quedó sin baterías cuando empezó a bajar la trenza

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2 comentarios en “Kürbis

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