Winter is coming

Se acerca el invierno y aquí va a ser más largo y duro que en la Mediterrània. Mi mantita azul sigue dándome seguridad pero no sé si será suficiente. Así que, después de buscar sin éxito en tiendas de segunda mano, el martes me dirigí a Ikea en busca de coberturas más poderosas.

En Stuttgart hay dos Ikeas. Uno está en Ludwigsburg (en la muy española wikipedia la llaman Luisburgo, ja!), la capital de las calabazas que visité el sábado. Así que esta vez fui a Sindelfingen, un nombre que resuena a la geografía de Tolkien. Hay que hacer transbordo, y los trenes por la tarde no pasan con tanta frecuencia. Además como tantas veces, entro lo tonto que estoy y los malos consejos de google maps, me bajé en la parada que no era y acabé andando bastante. Pero Suttgart (y alrededores) es genial para andar por andar. Está lleno de vías verdes (verdes de verdad, con hierba y árboles y ardillas), sin coches. Cuidao con los ciclistas, eso sí.

Del Ikea no voy a hablar. Es exactamente igual que todos los Ikeas donde he estado. Incluso huele igual. Eso sí, comparado con el Ikea del Granvía, hay muy poca gente y se puede comprar tranquilo. También hay poco personal y, cuando tuve dudas, acabé preguntando a los clientes. Aprovecho para limpiar un poco mi conciencia. Creo que me he quejado demasiado sobre la “mentalidad alemana” y al final he hecho gala de los peores estereotipos de la “mentalidad española”: quejarse por todo y decir que en casa se está mejor que en cualquier sitio. La verdad es que muchas veces he necesitado ayuda y la gente se ha esforzado muchísimo en entenderme y en explicarme cosas que para ellos son obvias.

Finalmente, después de nosecuantas horas de vagabundeo por esta sucursal del Valhalla en Valinor fui a pasar por caja con una almohada, una sábana ajustable, y un juego de sábanas azules como mi mantita, un edredón de nivel 4 y unos cuchillos chinos cutres (en casa solamente tenemos un cuchillo que corta, el cuchillo único). Las cajas están petadas de gente. Hay pocas cajas y la mayoría usan el autopago. Yo he tenido muchos problemas con mis tarjetas de débito, así que hice la cola larga, a ver qué pasaba. Y pasó lo de (casi) siempre. La caja solo acepta Maestro y la Geldkarte que usa todo el mundo aquí. Visa/Mastercard = verboten! Así que tuve que dejar todos mis trastos allá (pobre chica) ir al cajero y volver a chuparme toda la cola. Creo que lo normal aquí es ir cargado de billetacos. Nadie te va a robar por la calle y, a la hora de pagar en cualquier lado, nunca te miran mal si les das billetes grandotes. Dinero…

Con los transbordos y toda la movida, llegué tardísimo a casa. Por suerte, nuestro alquilino danés había preparado un montón de pasta para cenar y yo no consiento que se tire nada de comida. Qué bien se está en casa… Y qué pena que el astrofísico se marche el sábado…

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