Día 63 de peregrinaje: Grandas de Salime (Asturias), 13 de agosto de 2013

(La foto es bastante mala, pero es lo que había. En los últimos días de camino hice muy pocas.)

(La foto es bastante mala, pero es lo que había. En los últimos días de camino hice muy pocas.)

El día anterior había sido uno de los más duros del camino. Después un zapato en la ruta de los Hospitales, me sentía como la cenicienta versión Jerry Lewis, en el momento en que se rompe el hechizo y su toalla se convierte en bayeta, su chaqueta en impermeble y sus zapatos en chancletas. Un momento absurdo, entre “qué coño hago yo aquí” y “a lo mejor tengo que perderlo todo para encontrarme”.

Y esa mañana fue una de las más extrañas. Cuando me estaba despidiendo de “la otra bamba”, que se quedó allí, en la puerta del albergue de La Mesa, con un calcetín dentro, el grupo de polacos empezó a sacar mesas al patio y uno de ellos se puso el disfraz de cura (la estola, lo he buscado) y empezó a contar peregrinos para repartir hostias. En fin, que me contó a mí también. He asistido a varias misas en este camino, pero esta fue la primera vez que comulgué. Después del padrenuestro polaco y la bendición en español del cura tenía permiso para salir, de noche todavía, a seguir la carretera retorcida que baja hasta el embalse de Salime. Allí me encontré a un grupo de franceses muy alegres que estaban haciendo el camino de vuelta.

Mientras tomaba la carretera de subida al otro lado del embalse, me di cuenta de que necesitaba hablar con alguien. Estuve mogollón de tiempo andando con el móvil en la mano, hablando con mi hermano, mientras los coches me pitaban y me llamaban loco. Cuando por fin colgué ya había llegado a Grandas de Salime. Mi etapa debería haber terminado aquí, pues el siguiente albergue estaba ya en Galicia: A Fonsagrada. Pero era aun muy temprano y, comparada con las matadas que me había pegado esos días, la etapa se me hacía muy corta. Además, al colgar vi que había recibido un mensaje en el móvil, un mensaje que me dejó aun más trastocado. Tenía que darme prisa en llegar a donde tenía que llegar, geográfica o emocionalmente. El tiempo y los kilómetros para encontrar lo que sea que estaba buscando se me acababan.
En Grandas de Salime no encontré ninguna zapatería, así que compré algo para comer, hice como si visitara la ciudad (iglesia? check, ayunta? check, colegiata o algo así? check), me senté a hacer el tercer desayuno del día y seguí adelante.

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