Día 62 de peregrinaje: Ruta de los Hospitales (Asturias), 12 de agosto 2013

P1010589Esto es un antiguo hospital, es decir, un albergue de peregrinos dónde estos dormían apiñados, compartiendo comida, fluidos corporales y enfermedades. Es realmente pequeño y la altura de la puerta es ideal para un niño de nueve años. Todo lo demás es niebla y marcas amarillas en la hierba.

La ruta de los hospitales es, según los expertos, una de las más bellas del camino. También dicen que es de las más duras, no por su desnivel, sinó porque en sus más de 20 kilómetros no hay rastro de vida humana. Hay que comprar provisiones, llevar agua, no hacer esta parte solo. Ja! 20 km son poco más de cuatro horas…

Salí de Tineo muy temprano con la idea de hacer “lo de los hospitales”. El día era muy feo, niebla y lluvia, y todos todos decían que seguir esa ruta era de locos. La alternativa era ir por Pola de Allende y dormir allí. Cuando llegué a Borres, final de etapa para las personas sensatas, una mujer a la que pregunté dónde estaba la bifurcación me dijo que ni loco fuera por los hospitales, que la niebla no iba a amainar. Le dije que tenía razón, que para qué iba a seguir ese camino si no iba a ver nada con la niebla. Sí, soy un mentiroso.

Seguí adelante y me senté a llenar la botella. La misma mujer vino a verme, a repetirme que ni loco fuera a Hospitales. No soy un buen mentiroso. Cuando llegué al cruce, me encontré con Cristian, un peregrino con paraguas y que habla como una enciclopedia, mirando con ansia la señal que divide el camino. Yo voy a ser conservador, dijo él. Yo tengo que seguir mis propias decisiones, aunque sean estúpidas, dije yo.

Mi paso por los hospitales fue una especie de trance. Frío, viento, lluvia y niebla. Solo se veía el suelo verde y blando que pisaba y la siguiente piedra amarilla, a unos diez metros. Parecía estar en otro planeta, en un videojuego, Silent Hill total. No sabía cuánto había caminado ni cuánto me faltaba. Seis horas así, empapado y congelado. Encontrar un hospital era una alegría, una oportunidad de escurrir los calcetines, descansar y comer algo. En uno de ellos un ratón se quedó un buen rato mirándome: qué c*** hace aquí este loco.

P1010588Al final de la ruta, el final de la niebla. Me esperaba el paisaje, la carretera y la civilización. En el pueblo de Lago entré en un bar, me quité las botas y pedí papel de diario para rellenarlas y que se secaran un poco. Me tomé un colacao y me puse a mirar con cara de marciano a una familia normal que merendaba allá. Al poco de salir del bar, un señor me dijo que su perro se había perdido por mi culpa, que me había seguido antes por la montaña y no había vuelto. Yo no sabía nada del perro, espero que lo haya encontrado. Yo había perdido una bota.

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