Día 4 de peregrinaje: Yenne (Savoie), 15 de junio de 2013

Yennes. Oficina de turismo. Pocos minutos antes de la hora cerrar. Un peregrino greñudo y mal afeitado, lleno de barro, abre la puerta, intentando decir algo a la joven (y guapísima) encargada, en un idioma que intenta ser francés. Busca algún sitio para dormir. La empleada le pregunta si no tiene la guía amarilla, casi indispensable para hacer la Via Gebennensis.  El peregrino (miente) dice que la ha perdido. Es tarde, pero vamos a probar un “aubergement jacquaire”, es decir, una familia que acoge a los peregrinos en su caso, cenando, desayunando y charlando con ellos, a cambio de la voluntad. Ella coge el teléfono y el peregrino ya tiene una “reserva” en casa del matrimonio Grout. En el mapa está un poco lejos, pero date prisa, que es muy tarde para cenar. Eh… un momento, cuánto debería pagar a esta buena gente?

La acogida fue muy calurosa, en especial por parte del marido, muy simpático. Primer ritual: el sirope. Menta, limón, granadina? Ei, no te lo bebas, hay que añadir agua. Le sirop es la bebida oficial para recibir peregrinos en Francia, un concentrado con el que puedes hacer litros de refresco. Si quieres puedes dejar aquí las botas, si quieres puedes bañrte…A la mujer se la veía un poco cohibida, quizá porque eran las siete, cuando la hora normal para cenar aquí es a partir de las seis. A medida que avanzamos hacia el sur, las horas de las comidas se irán haciendo más tardías. Cuando le dije que era vegetariano, a la buena señora se le iluminó la cara: pasta, ensalada, fruta y arreando.

Una cena “normal” en Francia puede durar varias horas. Agua, vino? Este vino es del tipo tal y cual, pero tenemos otro que… Ensalada: quieres vinagreta? De ésta o de esta otra. Los carrefures españoles deberían vender sirope y vinagreta. Y taboulé. Después de la ensalada y el plato principal viene el melón. Melón pequeño, amarillo y redondo. Es un honor que te pidan cortarlo. Y luego la ruleta rusa de los quesos, con sus nombres tan pintorescos que te recitarán, aunque no tengas ni idea de qué quieren decir. Y, finalmente, el postre. Aunque para mí lo mejor fue el desayuno con un universo de confituras, de colacaos raros de la marca Poulain y la mejor mantequilla que he probado en mi vida.

Realmente fueron muy amables. Tenían un hijo que trabajaba en Madrid, y la señora intentó hablar conmigo en español. No he encontrado a ningún francés que lo consiguiera. El señor me dio varios consejos sobre las rutas a seguir y me dijo que, si necesitaba agua, entrara siempre en los cementerios. También me explicó que los domingos (ese día era sábado) estaba todo abierto hasta el mediodía. El lunes, en cambio, los comercios tenían fiesta.

Mi habitación era la de los niños. Siete camas pequeñitas: Blancanieves total. Después de conectarme un rato a internet, dormí como hasta entonces no había dormido en el camino. La propina que les dejé también fue la más generosa de todo el peregrinaje. Porque fue la primera y porque hasta entonces me había estado dejando una pasta en campings y tables d’hôtes.

**Cómo comportarse en la mesa (francesa):
http://www.madmoizelle.com/bonnes-manieres-a-table-147480

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