Día 19 de peregrinaje: Estaing (Aveyron), 30 de junio 2013

P1010030Sehr impossant! Una de les plus belles villes de France. He visto unas cuantas. Aquí llegué en el punto álgido de mi tendinitis, caminando de espaldas en las bajadas. Tendría que haberme quedado en Espalion pero claro, Espalion no me gustaba y en Estaing había hospitalidad cristiana, donde había reservado por teléfono. Donativo c’est toujours mieux!

Visto desde la distancia, no sé ni cómo llegué aquí. O, mejor dicho, por qué. Con la espinilla hinchadísima, metiendo los pies en todos los lavaderos (lavoirs/pumarejos), cojeando, andando siempre al borde del camino buscando la hierba más blanda dónde pisar.

La entrada a Estaing era una bajada bastante pronunciada entre los árboles, una de esas que me gustaba hacer corriendo, saltando de piedra en raíz, guardando el equilibrio con el bastón horizontal, presumiendo de equipaje ligero. Mientras intentaba avanzar caminando de lado, arrastrando los pies cuando se me aparece entre los arbustos, como un vietkong, Nikolaus. El incansable alemán (Franken, Region Nürnberg) al que había abandonado (dejándolo sin traductor) hacía días.

Fue una alegría verlo, no solo por ser de esas amistades que duran un día y parecen de toda la vida, sinó porque, cuando estás muy jodido, caminar en compañía es lo único que te hace tirar adelante. El también estaba muy contento. Debe ser el único alemán que camina sin destino claro, sin reservar y sin saber inglés (solo un poco de francés).

Nuestro albergue, l’Hospitalité Saint-Jacques era bastante chulo. Todo muy viejo y algo  estropeado, como la casa del pueblo (antes de que la tiraran). Allí nos esperaba Léonard, el cura homeópata y Elisabeth (la hospitalera, supongo). También había una pareja de señores que no sé muy bien qué pintaban. Supongo que venían a cenar y hablar con los peregrinos, que solamente éramos nosotros dos, así que tuve que volver a hacer de traductor. En el albergue (es opcional, pero es sí o sí) se cantaba para todo. Para bendecir la mesa, para terminar la comida, laudes, maitines y no sé qué más. Yo no sé solfeo y Nikolaus no pronuncia muy bien francés, así que interpretábamos las canciones juntos, yo la letra y el la música. Tenor y barítono. Ferpecto.

Le père (o lo que fuera) Léonard se ofreció a mirar mi pie. Me hizo un masaje y me recomendó beber mucha agua y parar cada cuarto de hora. Y poner hielo solo por la noche. También me dio una estampa de Saint Roch para que le rezara y unas pastillas de Toxicodendron (vaya nombre, no se me olvidará nunca), remedio homeópata. No sé en cuál de las cosas creo menos, pero toda ayuda es buena*. Saint-Roch sigue siendo mi santo preferido, le da mil patadas a Saint-Jacques.

Nikolaus me invitó a una copa de vino rápida (y carisisíma) en un bar de guiris, pues había que volver al albergue a las diez y a dormir. En el libro del albergue, como era de los elegidos que van hasta el final (jusqu’au bout), además de mi nombre, me hicieron dibujar una concha, para rezar por mí el día que ellos calculaban que llegaría a la tumba del apóstol. O algo así. Dibujar conchas mola. Priez pour nous.

*En este viaje me propuse aceptar toda la ayuda que se me dé y ayudar en todo lo que me sea posible. Y también aceptar las consecuencias de mis decisiones, sin arrepentirme.

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