Día 33 de peregrinaje: La Romieu (Gers) 14 de julio 2013

P1010211Después de estar un buen rato eligiendo una postal antigua para una persona muy especial en un mercadillo enorme, busco la entrada al centro turístico y la colegiata. De pronto, una mano enguantada me da una palmada en la espalda. Batman? No, Georges, uno de los héroes del camino. No me gusta poner fotos de otra gente, pero ésta lo merece. Además, me dijo que no pensaba usar internet en la vida.

A Georges lo conocí en Condom. Creo que es el único francés que habla español correctamente que he encontrado, aunque le cuesta tanto y hace las mismas muecas de esfuerzo que yo. Aprendió español en América hace siglos y las pegatinas de su bici demuestran que ha recorrido todo el mundo. Probablemente esté loco. Como todos. Está obsesionado con la ornitología y con un libro que le falta de una editorial de Barcelona. Me hizo un croquis con las medidas del mismo: 20x30x6 cm. y me dio su dirección por si lo encontraba. Bueno, también me escribió el nombre de la editorial: Lynx. Yo sí que me permito el acceso a internet: debe ser uno de éstos. El último número es el 16, que vale… 212 euros! Un peregrino auténtico lo hubiera comprado y se lo hubiera enviado a su casa.

La Romieu, con su colegiata de San Pedro, es un lugar que merece la pena visitar, pero significaba dar un buen rodeo al camino oficial y yo dije una vez que no había venido a hacer turismo. Así que, cuando llegué al punto donde el camino y la variante se separaban, me senté en una piedra para pensar por dónde debía tirar. (Ahora esto me recuerda a mi camino del año pasado, cuando Kelly se sentó para decidir si volvía o no a buscar una camiseta que olvidó tendida en el albergue de Zizur). Mientras me decidía,Céline y Joanne aprovecharon también para descansar. Habíamos salido juntos de Lectoure, siguiendo la ruta alternativa para evitar la zona pantanosa llena de mosquitos (había unos carteles bastante descriptivos)*. Enseguida llegaron más peregrinos. Marine, que casi no podía caminar con los pies llenos de ampollas. Claude, su compañero, que se despidió y continuó hasta la Romieu, siempre con los ojos pegados a la guía, la misma que llevaba yo, que detallaba el camino casi paso a paso, piedra a piedra (mi guía no salía casi nunca de la mochila, yo prefería perderme y preguntar). Marine, no sabía si podría seguir, quiza haría autostop y se reencontraría con Claude en el albergue. Mientras descansábamos, en esos momentos de intimidad entre desconocidos que se ven casi cada día, una de esas confesiones que se repiten desde los Cuentos de Canterbury, nos explicó su historia con Claude.

Yo llevaba toda la mañana intentando llamar a un número que me habían dado (o había encontrado por ahí, no recuerdo), un albergue en Castelnau-sur-l’Auvignon. Cuando Marine terminó su relato, volví a intentarlo y esta vez sí que me respondieron. Podía hacer el turista tranquilamente, pues no tendría que caminar hasta Condom, la “gran” ciudad medieval, teórico final de etapa.

Más tarde, David me diría que La Romieu es la ciudad de los gatos. La ciudad está llena de esculturas y pinturas representándolos, pero yo solo vi un par. Uno siempre ve lo que espera ver. Un video para la clase de francés.

*Buscando lo que leí en el cartel (moustiques marecaux? marescaux? marecageaux?) he encontrado un blog que explica quién lo colgó.**

** Jo-der! Chafardeando, me doy cuenta de que conozco (o conocí durante dos días) al blogger. Es Alain, el escritor de Dijon, experto en teología que encontré a la salida de Lugo.

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