Día 6 de peregrinaje: Paladru (Isère) 17 de junio 2013

El camping Calatrin, a la orilla del lago Paladru, nombres que parecen salidos de un tebeo de los pitufos, o mejor, d’en Jan i en Trencapins, es uno de los sitios más chulos donde he pasado la noche. Me paré aquí, mareado de calor. 37 grados, me dijo el chico del camping. “El chico del Calatrin” será otro de los ángeles del camino.

La noche en la féerique chambre d’hôtes de Pascale (http://surlecheminduguiers.fr/) no salió tan cara, y al menos tenía gatos. Por la mañana, la señora hostera me enseñó una expresión en francés, “couper le fromage” y me dibujó en un plano un camino para poder llegar a un gîte o un camping cerca de Le Pin, cerca de un lago o estanque con otro nombre. El único pueblo por el que pasé fue les Arbrets. El sitio era bastante feo y el personal de la oficina de turismo no tenía mucha idea de caminos ni alojamiento.

No recuerdo muy bien el camino que seguí, solo que llegué a una carretera que me llevó al lago, y allí, en una de las playas, pregunté por algún camping cercano. El chico del camping, un holandés muy joven se disculpó por tener que hablarme en francés. “Vienen muy pocos españoles por aquí, la mayoría son alemanes y holandeses”. Yo estaba un poco mareado, ya digo, y el aire acondicionado de la cabaña me acabó de chafar. El chaval se portó muy bien conmigo: no había tarifa para peregrinos, pero me alquiló una tienda nueva de trinca por 20 euros, aplicándome todos los descuentos posibles. No puedo hacer más, sinó mi patrón se enfadará. Me dio permiso para bañarme en el lago: las señales de “prohibido bañarse” quieren decir que no hay socorristas. Aah, guai.

Después de los baños y descansar, volví a la zona de playas, para ver si podía conseguir algo para comer. Mala suerte. Todo platos con carne precocinada y carísimos. Volví al camping y le pregunté al noi si podía calentar agua en alguna parte para hacerme una sopa que llevaba. Me dijo que le acompañara a su cabañana, donde estaban también su mujer y su hija. Otra persona a la que estaré siempre agradecido, no solo por dejarme usar su cocina y sus cacharros, sinó también por explicarme cómo continuar el camino y dejarme jugar con su gato. Además, al día siguiente me hizo también descuento en el desayuno. Si la locura me vuelve a visitar y tengo que volver a los caminos, aunque mi espalda tenga que sufrir un poco más, llevaré un a tienda.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s