Día 12 de peregrinaje: Saint-Julien-Chapteuil (Haute Loire) 23 de junio 2013

12_23jun_antes_d_st_julien_zumo_markus_sagrada_familia[1] Saint-Julien-Chapteuil es la última parada antes de llegar a le Puy-en-Velay (cuántos guiones), principio de muchos peregrinajes franceses, final para algunos alemanes y suizos, bla, bla, bla. Saint-Julien, aunque no salga en los mapas, de lejos, parece un pueblo bastante grande. El problema es que, como me sucede tan a menudo, estos pueblos están rodeados de comunas (arrabales/urbanizaciones), llenos de caminos privados, donde uno pierde las marcas y se pierde a sí mismo. Ahora, sentado ante un ordenador con internet, todo parece tan fácil… Rodeado de casas, y sin tener ni idea dónde está el centro del pueblo, le gîte d’étape y todo eso, entré en jardín donde había una pequeña cabaña con un cartel que informaba que era el taller de un escultor, con una exposición al público.

Calaveras y máscaras. Todo bastante tétrico (y bastante chulo). Mientras estaba mirando (y haciendo fotos) un chico se me acerca por la espalda. Me espanto bastante, porque soy de natural nervioso y porque ante semejante atrezzo uno se espera cualquier cosa, especialmente si tiene que ver con sacrificios rituales.

Era un chico bastante joven, muy chulo, molt fatxenda, urbanita en el pueblo. Todo esto lo ha hecho mi abuelo, a que mola. El pueblo? ni idea, yo soy de Saint-Etienne! Un peregrino, qué es eso? Ah, que guay. Quieres un zumo?

Llegué a Saint-Julien bastante cansado, con un litro de zumo de mango haciendo estragos en mis intestinos. La etapa había sido bastante larga, con dos visitas tempranas a Tence y Saint-Jeures, después un paseo bastante interesante entre los volcanes (les sucs de Meygal) comiendo bolsas de muesli, bajo un cielo nublado. Pero ahora, a pleno sol y con las tripas llenas de porquerías, la búsqueda del albergue era más que urgente.

Y sí, al final encontré el bourg, el albergue y el típico cartel con un número de teléfono. Mientras esperaba a que la encargada del camping municipal me trajera las llaves, me quité las botas y decidí tirar mis calcetines a la basura. Al final, el sitio ya estaba abierto y, entre las voces de los alemanes que había adentro, reconocí la de Markus. Me había despedido de él el día anterior, porque no caminábamos al mismo ritmo (porque no se paraba nunca para nada), pero fue una alegría volver a verlo.

Por la noche (bueno, por la tarde, “le soir” es otro concepto, cenando a las seis el día del solsticio) hicimos un poco de turismo. La iglesia de Saint-Julien de Saint-Julien (je!) es bastante chula, con una fachada enorme. No pude evitar compararla con la Sagrada Família. Buscamos un bar para hacer un café* en el típico bar-estanco-lotería que uno encuentra en los pueblos de la región. El tabaquismo y la ludopatía están muy extendidos, en serio. Es un pueblo bastante bonito, pero está realmente muerto. Mañana viene lo bueno. Esperamos.

*Diccionario francés de Markus: Bonjour, Bonne route y Café au lait.

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