Día 7 de peregrinaje: Gillonnay (Isère) 18 de junio 2013

 

En este punto del camino, uno puede decidir si quiere continuar hacia le Puy en Velay, o bien tirar hacia el sur, hacia Arles y Toulouse, y seguir la Via Tolosana. Yo me detuve aquí para descansar del calor, porque mi camino ya estaba decidido. Calor… Esa sensación de no saber si se está derritiendo la suela de tus botas o el asfalto. Cuando abandonas el lago, te encuentras con una etapa bastante aburrida y llana, llena de aldeas con urbanizaciones desparramadas. Lo más grande es Le Grand-Lemps, donde paré a repostar y a que me digan que estoy loco. No llevas sombrero? Más adelante encuentré a tres locos más, jubilatas suizos.

Abandonamos con mucha pena el paseo de los castaños para llegar en seguida a la Côte-Saint-André, que resulta ser la ciudad más grande (sin contar Ginebra) que me he encontrado. Es famosa por ser la patria de Berlioz que, aparte de un Aristogato, fue un músico muy célebre del que no conozco ninguna pieza. A la entrada del pueblo ya encontramos una especie de palomar en la granja que perteneció a su familia. Le Pavillon de la ferme Berlioz:

7_18_junio_la_cote (le pavillon et la ferme Berlioz)

En fin, tampoco hay mucho más. La ciudad es bastante fea. Da la impresión de haber crecido demasiado y mal al borde de una loma, muchos coches y poco lugar para los peatones. Barrios tristes de casas apiñadas. La verdad es que me había esperado otra cosa, y no sabía dónde buscar alojamiento. Tardo bastante en llegar a la oficina de turismo, donde me buscan accueil jacquaire, en una casa que está fuera del mapa. Es muy fácil, solamente tienes que seguir esta calle hasta el número tal.

Al final la calle resultó ser una carretera. Después de caminar media hora entre naves industriales esquivando a los coches y ver que los números apenas avanzaban, me di la vuelta. Lo siento por la familia que me estuviera esperando, no me dieron ningún teléfono para avisar y hubiera llegado muy tarde de todas formas. Cuando volví a la ciudad, las chambres d’hôtes estaban cerradas (creo que celebraban una fiesta) y acabé en el Hotel France. 55 euros por una habitación con baño, sin desayuno, pero con Canal+. Maldiciendo mi suerte fui a visitar la iglesia antes de que se hiciera de noche. Aun estaba abierta y, apenas iluminada por el sol poniente, por dentro parecía una cueva. Es la mejor imágen que me ha quedado de la Côte-Saint-André.

La peor fue la hora de cenar. Fui a un kebab pero, no sé por qué, en Francia no tienen Falafel. Le pedí al chico si me podían hacer uno sin carne y, como no me entendía, se mosqueó bastante. Al final vino otro chico que hablaba mejor francés que el primero (y que yo, je) y me hicieron un kebab sin kebab, y me cobraron lo que quisieron. Me lo comí en el hotel, escribí una postal a mi hermano y me dormí en seguida, sin aprovechar la tele y el Canal+.

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