Día 28 de peregrinaje: Escayrac (Lot) 9 de julio 2013

viewerUna pareja con un gato tomando el sol en el porche de una casa en medio de la nada. Cuando les pregunté si sabían dónde estaba el monasterio, el gato se levantó de un salto, como en un gag de Benny Hill. No tenían ni idea de dónde estaba el monasterio (a 400 metros de la casa).

Somos muy señoritos o vamos muy sobrados para parar en Lascabanes. el siguiente albergue debería ser Montcuq (Atención a pronunciar bien la “q” final). Son solamente 10 kilómetros. Pero con este calor y a estas horas, y la tendinitis protestando… 10 kilomètres, mon cul! Cuando no llevaba ni media hora caminando entre campos de trigo y estaba pensando muy seriamente en dar la vuelta, se me aparece, no la vírgen, pero sí un cartel anunciando un monasterio que alberga peregrinos a menos de dos kilómetros. Llamé por teléfono y me explicaron más o menos como llegar; estaba fuera del camino y los puntos de referencia no eran muy claros. Por supuesto que me perdí. Por supuesto que lo encontré.

Cuando uno piensa que va a dormir en un monasterio, se imagina una escena del nombre de la rosa. Una oscura celda iluminada con velas, arcos góticos y largos pasillos. Normalmente, si el antiguo monasterio aun es habitable (y seguro) allí dormirán (y vivirán) las monjas. Los peregrinos estarán en otro edificio, atendidos por los hospitaleros, voluntarios que se ocupan de recibir a los peregrinos, limpiar, hacer la compra (con su dinero), cocinar…

La hospitalera, como casi siempre, fue encantadora. Hay que decir que yo era el único peregrino: el sitio aun no salía en las guías y estaba un poco apartado del camino. La buena mujer, recién jubilada y peregrina, me dijo que llevaba poco tiempo de hospitalera y se aburría bastante. Tanto, que a veces caminaba los 10 kilómetros hasta Montcuq para volver cargada con la compra. La ayudé a hacer la cena y lavar los platos, escribí alguna tontería en el “libro de oro” y, como no había nada que hacer (los monasterios suelen estar rodeados de “nada”) le pregunté si podíamos ir a la oración con las hermanas. Así que, cuando tocaron Vísperas, fuimos a la capilla.

Las hermanas eran 3 (o 4), pero una estaba enferma, la otra estaba de clausura y la última, si existe, no me acuerdo qué le pasaba. Así que, en la capilla, en el lado del banco solamente estábamos la hospitalera, un perro blanco y yo. Y en el lado del altar, una hermana con gafas de leer, una harmónica para dar el tono y un palo para señalar los salmos que tocaba cantar. El perro estuvo todo el tiempo sentado a mi lado, calladito. Cantar salmos en francés mola y, por lo que me han dicho, no se me da mal. Al final de la ceremonia, la hermana me dio las gracias y desapareció con el perro por una puerta secreta.

La web de las hermanas. Algunos enlaces no funcionan.

Aquí hay una foto del perro y de la hermana que tocaba la harmónica.

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