Día 20 de peregrinaje: Estaing (Aveyron), 1 de julio de 2013

Una foto cualquiera de Estaing. Estaing se merece todo, hasta salir varias veces en el blog. Espalion era muy feo.

Siguiendo los consejos del hombre medicina (católico-homeopática, para más inri), hoy caminaré más despacio, así que me despido de Nikolaus, que continuará hasta Lourdes con su ritmo de locomotora alemana. El secreto para curar la tendinitis es beber muchisíma agua, parar cada cuarto de hora y aplicar frío por la mañana y la noche, y calor y masajes durante el día. Además, he tomado unas pastilas de azú… de Toxicodendron, o algo así. Como no me fío de todo esto ni de la estampita de San Roque (peregrino como yo), compro drogas en la farmacia: Ibuprofeno, crema solar y crema para las quemaduras. Una pasta

Abandono con pena y dolor de tobillo este bonito pueblo y sigo mi senda, andando por los bordes del camino para pisar blando y bajando las cuestas de espaldas para no estirar el tobillo. Hoy resulta que el camino está lleno de chavales holandeses, muy jóvenes y un poco colgaos. Intento charlar un poco con algunos, pero aunque hablan algo de francés e inglés, lo hacen igual de mal en ambos idiomas.

Mientras camino cojeando en medio del esplai neerlandés, un coche se para a mi lado tocando el cláxon. Es Léonard, el hombre medicina, que me dice que me he dejado el remedio. Aunque creo menos en la homeopatía que en los milagros de Saint Roch (al menos él se sacó la carrera de Medicina en Montpellier), he de decir que seguí tomando religiosamente los caramelos naranjas hasta que se acabó el tubo.

Etapa muy cortita hasta Golinhac, un pueblo sin ningún interés, pero que tiene un camping bastante chulo, quizá más grande que el mismo pueblo. Hoy es el día de los reencuentros. Después de descargar mis trastos en el gîte del camping, doy la bienvenida a Félix, nuestro heviata québecuà favorito. Cojea bastante más que yo, y no por llevar unas botas que pesan más que todo mi equipaje, sinó porque también está infectado por la tendinitis. Dónde has dejado a Théo? Ni idea…

Poco después llegó David, también tocado por la tendinitis, el español que habló en inglés con Félix y conmigo en aquel albergue del Puy. Lo de español lo deja bien claro, colocando la bandera del reino en su cama. Son graciosas las primeras impresiones. De David me quedo con su frase “Felicidades, yo soy vegano” y verlo cenar un bote de olivas y una botella de dos litros de cocacola (con cafeína) y, claro, poder hablar castellano por primera vez en casi un mes.

Después de bañarme en la piscina (con un slip *ejem* prestado, código de vestimenta en las piscinas francesas, no preguntéis) el camping de Golinhac se ha convertido en un campamento peregrino de lo más variopinto. Tres franceses que han llegado en un burro, una de las dos mujeres del cuál se sabe “Platero y yo” de memoria. Dos niñas de Toulouse, la niña de caramelo y la niña de pan integral blanco. Dos daneses que son una especie de Ken y Barbie, quizá los de Aqua: el tío se declara masón, y masajista experto, cosa que demuestra con las del Rosellón. A veces merece la pena no caminar tanto y tomarte días de vacaciones de las vacaciones. De las pastillas de ibuprofeno, al final solamente tomé una. Me fio más de la pomada que muy gentilmente me ofreció David. Y de San Roque, claro.

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