Día 2 de peregrinaje: Chaumont (Haute-Savoie), 13 de junio de 2013

Ya hace mucho que no escribo mis andanzas peregrinas, en parte por pereza, en parte porque no consigo  volver al espíritu de las primeras entradas, cuando incluso pensé que de aquí podría salir un libro. Esto es una transcripción directa de mi libreta, por eso es tan aséptica.  Los primeros días mi diario intentaba ser una narración, más o menos detallada, pero sin mucha floritura. Luego simplemente me dedicaría a tomar notas y a hacer dibujitos.

Puse el despertador a las 6, pero me levanto a las cinco. Saco todos los trastos y hago la maleta en la hierba. Los campings son agradables.

El camino está bastante bien indicado y ahora es mucho más verde. No se aleja mucho de las carreteras, pero escapa de ellas como puede.

Me encuentro con el 1er peregrino, un señor de Normandía que camina desde febrero. Barba e impermeable mochilero. No habla mucho. Sigo adelante.

Hay varios pueblos, pero no se puede comprar nada en ningún sitio. Ni bares, hay. Solo veo gente dentro de sus coches.

En el cementerio de St.Blaise me encuentro a dos yayas. Dicen que empezaron el camino en Munich hace 3 años y van haciendo un trozo cada año.

Sigo solo. Grandes vistas de los Alpes. Desandar camino. Cartuja.

Hablo con yayo ciclista sobre la crisis (tengo acento espanyol).

En la aldea de Papá Noël no sé continuar. Me tomo un chocolate en un hotel (me regalan un croissant) y pregunto. Mi ruta está más arriba. Atravieso un campo de hierbajos y se me inflaman las rodillas. Me encuentro con las bávaras otra vez. Pause machen? Umweg? Camino con ellas un rato, pero es un rollo. Nos encontramos a otra pareja de (no tan) yayas suizo-alemanas descansando. Cascadas. Seguimos, siempre leyendo la guía alemana. Haz un momento en que hay “eine Variante” que atraviesa un bosque. Aprovecho para tomarla y seguir solo.

Después de mucho andar, llego a Chaumont, final de etapa según mi cutre guía (dos folios impresos por delante y por detrás). Es un pueblo pequeño y pijo donde no hay nada. En el hotel me dicen que siga hasta Frangy.

Frangy es como una ciudad: hay supermercados y hasta una oficina de turismo. Hago la compra en el SPAR y compro una navaja (ce truc camping-là) en un estanco. Me quedo en el albergue. 26€ con desayuno. Es como un hotel, tengo una habitación con baño.

Allí están las suizas. Mañana van hasta Seyssel y vuelven a casa en tren. Ésta era su última etapa en el camino de le Puy desordenado. Me regalan un montón de comida artificial en alemán y yo les doy zumo. Brindamos. Bajamos a cenar al albergue y no hay mucho para elegir. Pido una ensalada con nueces (y sin aceite) y un bol de queso (muy bueno), que acabo mezclando*. La compañía es agradable.

*Hay que decir que, cuando empecé el camino, pensé que, en caso necesario, no iba a ser muy estricto con mi vegetarianismo, para no ofender a quien me ofreciera hospitalidad desinteresada. Aun me consideraba vegetariano en prácticas y así se lo comenté a las señoras. Al final ocurrió lo contrario, volviéndome cada vez más estricto. Como vegano en prácticas, no sé como afrontaría otro peregrinaje.

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