El síndrome del auténtico diógenes

Diógenes de Sinope (Διογένης ὁ Σινωπεύς para los que, como mi hermano, les gustan las letras extranjeras que son universales) fue un filósofo griego, de la escuela cínica y no estoico, como yo creía. Iba a escribir que me sentía como Diógenes pero, tras leer su entrada en la wikipedija (de ahí he sacado las letras universales), creo que se ha convertido en mi ídolo y modelo a seguir.

No sé en qué estaría pensando el que bautizó como “síndrome de Diógenes” a la necesidad de acumular objetos, cuando el filósofo predicaba justamente lo contrario. Sin saberlo, durante mi peregrinaje fui regalando o perdiendo casi todo lo que llevaba, incluídos mis zapatos, mi chaqueta y mi toalla. Tenemos tendencia a acumular objetos, a veces por capricho, por envidia o porque creemos que nos harán falta en el futuro. El “porsiacaso” es lo que hace la mochila pesada, me dijo un hospitalero. Y no solamente la mochila. Más tarde, en mi otro peregrinaje buscando habitaciones en el sur de Alemania, me di cuenta de cómo nos atan los objetos, como en aquella viñeta de Quino en que una mujer no podía volar porque estaba atada a una serie de electrodomésticos. Bué, era una viñeta sobre la liberación de la mujer, pero cuando tuve que hacer una mudanza en el metro me acordé de ella. En mi tercera mudanza tuve la inestimable ayuda de un amigo pero la vuelta a casa, con la señora en su trainspotting, la mochila y la maleta fue agotadora.

Ahora mismo, mirando mis estanterías, me doy cuenta de todas las cosas que tengo (libros, sobre todo) que ahora no me sirven para nada y quizá nunca lo hagan. La escuela cínica debe ser un peligro para el capitalismo (o para la sociedad en general) pero el síndrome de Diógenes ha hecho mella en mí. Me lo pienso mil veces antes de comprar la cosa más simple. Me hace realmente falta? Y, aunque lo necesite, quizá tenga ya algo que pueda utilizar o quizá pueda fabricarlo yo mismo. O a lo mejor comprarlo de segunda mano. A veces me pasa incluso con los alimentos. Comprar bebidas embotelladas significa llevar a tu casa una botella de plástico enorme que tendrás que vaciar y luego meter en una bolsa hasta que ésta se llene y meter en un contenedor esperando que realmente se recicle. El reciclaje es la panacea que nos permite seguir consumiendo con la conciencia tranquila, sin pensar en que gran parte del plástico va a China y otra parte se quema directamente. Las bolsas de plástico están prohibidas en varios países de África. Quizá sea esto lo que una a los dos Diógenes, al del síndrome, incapaz de tirar nada y ensuciar el mundo con sus deshechos y al que vivía dentro de un barril (o una tinaja, no sé), apartado de las riquezas y los honores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s