Día 26 de peregrinaje: Vaylats (Lot) 7 de julio de 2013

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Me levanto muy trempanito y pongo la directa, en busca de soledad, recreándome en mi misantropía cuando diviso Cajarc desde las alturas. Cajarc suena a arcadas o a risa del messenger. Pero el karma o la justicia poética me golpean al bajar la colina, haciendo que me líe y me ponga a caminar en círuclos, siguiendo las marcas al revés, como un personaje de dibujos animados. “Las marcas señalan los dos sentidos, porque el verdadero peregrino es el que, al llegar a destino, deshace el camino hasta casa”, me dicen las dos damas holandesas, mientras Jean-Baptiste nos adelanta a paso militar. Otra cosa no sabré, pero yo sé perder, así que le sigo a paso insumiso. Nos cruzamos también con los dos franceses que veo cada día, el calvo y el que tiene cara de mala hostia.

Jean-Baptiste, Jambo para los enemigos es un chaval culto, idealista y de buena familia, perteneciente a una élite católico-militar que escapó a la revolución cuando les dio por cortar cabezas. En España no hay creyentes, sentencia. Es interesante escucharlo pues, aunque tiene algunos prejucios, conoce muy bien la historia de Francia. Hay que decir que Francia es París, el resto es “la province”, y el resto del mundo son países de los que lo único que se puede decir es: están locos estos xxxx”.

Caminar con Jambo no es tan divertido porque, aunque es buen tío, habla mucho, camina muy deprisa e intenta convertirme a su secta religiosa y alimenticia. Me gorrea todo lo que puede mis provisiones y pretende pagarme con salchichón. Jambo está obsesionado con las marcas y con la guía. Hay un momento en que nos perdemos y no me deja ir a preguntar a un señor. Reza a diós y ayúdate a ti mismo, me dice, es su lema. Supongo que eso funcionará para los que estén en buena relación con dios. O tengan dinero. Pero los españoles ofendimos al señor con la inquisición, mientras el cristianismo se hizo fuerte en Francia en la clandestinidad de la revolución. O algo así. Así que solo me queda preguntar y hablar un rato con los simpáticos franceses de provincias que no tienen nada que hacer en todo el día.

Llegamos a Varaire, hace calor y hemos caminado bastante. Jambo se tumba a la entra de la iglesia a dormir, o algo y yo vuelvo a hablar con los franceses de cada día. El calvo se llama Philip y el otro Jean-Paul. Son una extraña pareja que comparte un humor peculiar, una especie de Jay y Bob el silencioso (Jean-Paul no habla). Se van a quedar en este pueblo tan feote, pero a mí no em fa el pés y querría caminar un poco más. Visito la iglesia, con la calma y me siento al lado del durmiente. En mi guía de albergues religiosos dice que en Vaylats hay un monasterio, que a mí me suena a donativo, que suena a comer bien por poca pasta. Le digo al Jambo que voy a llamar, pero no me dice nada. En el monasterio me dicen que hay que pagar 26 euros. Es bastante caro, sobretodo tratándose de hospitalidad cristiana, pero acabo aceptando. Cuando cuelgo, el papafrita me dice que por qué no he reservado para él.

El sitio está bastante guay. Es una especie de castillo, lleno de monjas que cuidan ancianos. A nosotros nos dan habitaciones de pin y pon en una casita de pin y pon. Jambo está pletórico en nuestra habitación de Epi y Blas. Además, ha descubierto que bajando poco a poco el agua caliente, puede bañarse con agua fría y volverse más fuerte. Yo también estoy contento porque hay muchos gatos y una monja muy vieja y muy simpática que los cuida. En la cena, volvemos al ambiente club-med de franceses viejos hablando de distancias y tiempos, quejándose de los españoles comen mucho porque me comí todas las endivias que dejaron (solo comí eso). El outsider del grupo es Rafael, un señor de Alicante con poderes curativos, que funcionan con todos menos con sus piernas. Se frota las manos y se las aplica en los gemelos, pone cara de dolor, pero no está seguro de si mañana podrá continuar. Si tuviera una ficha de personaje, sería un clérigo enano. Como Rafael no se ofreció a ayudarme, una señora me dejó un poco de su crema, que funciona de maravillas en mi tendinitis.

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