Día 31 de peregrinaje: Auvillar (Tarn-et-Garonne), 12 de julio de 2014

Abandono Moissac tot solet y muy trempanito. El camino, una amplia senda/carril-bici que bordea el canal, no admite pérdida e invita a la meditación. Amanece muy despacio y casi no hay nadie, solo personas mayores que caminan y pedalean un poco. Cuánta agua… Y solo es una canal, navegable!, del Tarn, que solo es un afluente de la Garona. La etapa de hoy es bastante larga, pero podría caminar sin parar y sin cansarme durante días mirando los barcos y pisando barro. Pequeñas poblaciones y presas rompen el encanto. Boudou Malause Pommevic… Magia negra eslava?.

Al entrar en Espalais, el último pueblo a este lado de la Garona, me encuentro un albergue(1) muy bonito. Me siento a descansar en una mesa, donde hay una chica leyendo. Hablo un poco con ella y me dice que el albergue todavía no está inaugurado, que ella no es hospitalera, ni siquiera está segura de si es peregrina. Simplemente se paró aquí hace unos días y el dueño le dejó quedarse. A mí también me hubiera gustado quedarme aquí. El hospitalero no habla mucho, pero me da su tarjeta y estampa mi credencial con un sello enorme, empapado en tinta roja. Dice que es el símbolo chino de la vida.

Caminando un poco más, encuentro una oficina de correos y aprovecho para tirar la postal que escribí ayer. Justo cuando meto la carta en el buzón, llega la empleada y me dice que ese buzón es una pieza de museo. En ese momento llega también Jean-Baptiste y dos peregrinos gordos holandeses sin mochilas y, bueno, y la de correos abre la oficina y me enseña cómo mi postal a acabado en el suelo. Jean-Baptiste se ríe y yo también. No recuerdo a quién iba dirigida la carta, espero que llegara a su destino.

Un pueblo fantasma, con un pícnic enorme junto al río con lavabos para peregrinos (je!). La iglesia parece un poco ruinosa pero, al empujar la puerta, ésta se abre y dentro me encuentro a unos músicos ensayando. Parece que tocan música antigua y, como no me dicen nada, me quedo un rato. Por dentro, la iglesia está más en ruinas todavía, haciendo que los músicos parezcan extras de una peli de Kusturica.

 

Una de pieses pal Instagram

Una de pieses pal Instagram

Al otro lado del río está Auvillar, una de las ciudades más bellas de Francia (certificado), pero a partir de aquí mis recuerdos (y mi documentación) son borrosos. Al dejar el río y la vegetación, el calor era insoportable y tampoco recuerdo dónde acababa la etapa “oficial”. Tengo un sello de Saint-Antoine (Gers) y fotos de una iglesia de Saint-Jacques que no he podido localizar. De alguna forma sabía que había una casa, la “Pate d’Oie”, donde acogían a peregrinos.

“Xavier et Isabelle Ballenghien”

Para llegar a la casa, como no, había que atravesar Flammarens y rezar porque aparezca alguien a quién preguntar. Y rezar es lo primero que me viene a la cabeza cuando entro en la “mansión”, enorme y oscura, llena de cachivaches procedientes de todo el mundo y carteles de temática cristiana. Xavier (2), el hospitalero, dueño de la casa y padre de familia es el vivo retrato del caballero moderno, elegante, educado y simpático. Además, sabe algo de español, porque su familia viene de Perpignan. Su hijo, Benôit, también estudia español pero es más pragmático (o sincero) que su padre y prefiere hablar en francés. Benôit es el número 7, me explica Xavier y me enseña una foto de los siete hermanos, todos altos, delgados y con camisa blanca. He dormido con SDFs, pero no estoy preparado para esto.

Xavier es encantador y se esfuerza en prepara una cena vegetariana. Incluso hace un pastel buenísimo. “Es la grasa de ternera la que hace que sea tan crujiente” dice Benôit.

Sí, Benôit, a sus doce o trece años, posee una ironía exquisita. Según Pratchett, ser el séptimo hijo (bueno, el séptimo hijo del séptimo hijo) le predestina a uno a ser un mago. Su padre se tiene que ir y le pide que me enseñe el trabajo de la granja. Y eso hace, con la parsimonia de un chaval acostumbrado a montar el mismo numerito a todos los pelagatos que acoge su padre. He de decir que contestó a todas mis estúpidas preguntas sobre pollos y patos y que aprendí un par de cosas de una ganadería que, por desgracia, casi se practica solamente por afición. También he de decir que me costó dormir en una habitación llena de tótems africanos y pósters parroquiales.

1 Buscando info sobre el albergue de Espalais, encontré una historia del hospitalero y su compañera. La leí con la ilusión de que al final aquella chica encontrar su sitio en el Par’chemin. Al final, la historia es distinta y no sé si es el mismo hospitalero que encontré.

2 Creo que lo escribí en el post posterior a éste. Mi huésped no era otro que el alcalde del pueblo.

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