El sueño de una siesta de tres horas (y media)

Me despido de una chica. No sé quién es ni adónde va. Yo estoy en una especie de aparcamiento abandonado, un descampado rodeado de señales de tráfico, fuera del casco urbano de alguna ciudad. Llevo a mi gata en brazos. Tengo que caminar hasta un albergue, esperando que acepten animales. No la tenía que haber traído. La había dejado en ¿Canadá?, en otro viaje, pero la echaba de menos y me la trajeron. ¿Me la trajeron al camino? Está muy nerviosa, me araña y parece que va a saltar. Tengo miedo de que se escape, cosa que acaba ocurriendo cuando se nos acerca un perro. Corro, corro tras ella por el terraplén, sube una rampa de tierra, la pierdo de vista. La busco nervioso entre los arbustos y la grava hasta que se me aparece, como una sombra negra. La recojo, me sigue arañando e intentamos encontrar el camino de vuelta. Leo los indicadores, pero no me dicen nada. No la tendría que haber traído de Canadá, allí estaba muy bien. A lo mejor podríamos pedir un taxi a Barcelona y acabar con la incertidumbre. ¿Admiten gatos en los taxis?.

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