Llevo desde el año pasado sin cambiarme de pantalones (La ciencia del sueño”

Enciendo el DVD con “La ciencia del sueño”. El mando no funciona… ¿qué pasa?. Le quito las pilas y veo que están perdiendo sus fluidos vitales. Las cambio por las de la tele pero, ni por ésas… Mientras, el menú va explicando lo que hizo el fin de semana. Se levantó muy tarde y en el hotel, sin estrellas, ya habían servido el desayuno. Así que se fue a la panadería a hacer cola para comprar un bocadillo, bajo el sol, un sol fresco. En Coutances. Al final me conformo en ver la película en su versión doblada, y resulta que no es la película que recordaba…

La versión original es en francés pero, como protagonista es demasiado tímido, habla casi siempre en inglés, cuando no lanza pinches exabruptos mexicanos, wei. Así que el argumento se pierde, pero los actores son muy buenos y yo estoy enamorado de Charlotte Gainsbourg y todo el rato me dan ganas de hacer animales y nubes y mares y selvas y ciudades con cartón y algodón y celofán. Y luego no haré nada. Estoy haciendo un puzzle mientras hago la película, así que no escucho las voces (ni el argumento!) originales y ni siquiera veo a los actores (ni a la Gainsbourg).

Así que, una semana después, voy a ver la película en el ordenador. Tardo como tres días. Pero me da igual, esta película me hace sentir bien, aunque la moraleja no sea “conviértete en un somiatruites y huye de la realidad” sinó “espabila chaval, que ya eres mayor para hacer tantas tonterías”. Supongo que la moraleja está en el término medio. Como con Amèlie.

Cuándo vivía en Stuttgart, fui a ver “la espuma de los días”, del mismo director y también con celofán, pero el doblaje alemán era incluso peor y no entendí nada. Ni me lo pasé muy bien, la verdad. La sala del cine Delphi parecía ambientada en la película, con paredes de papel de plata y sofás (sí, sofás, o sofases) que crujían y gente bebiendo cerveza. Me pasaba entonces y me vuelve a pasar, no distingo la realidad del sueño. Ni de las películas. Y me empeño en leer, escuchar música, ver cine (y soñar) para volver a encontrar no sé qué estados de ánimo. Y pongo los dedos así, delante de mi nariz, para emborronar el mundo y solamente ver la salchichita. Y así me va…

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