–Sujeta esta flor de diente de León y, en cada cruce de caminos, sóplale suavemente y sigue a las semillas. No soples muy fuerte y ten cuidado con el viento, pues las semillas están contadas y no podrás volver a por más flores y estarás perdido y…

Y con un gran bufido interrumpió las indicaciones y miraba, feliz, como las semillas se dispersaban, alejándose por todos los puntos cardinales.

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