2 jours à New York

Estaba viendo una película, “2 days in New York”, pero como estaba muy cansado, decidí dejarla para otro día, y ponerme a escribir. La verdad es que la peli pintaba muy bien, está escrita, dirigida y protagonizada por Julie Delpy, de la que me enamoré por primera vez en “Before sunrise” y me enamoré 10 años otra vez después al día siguiente en “Before sunset”. Y lo guai de la peli, si aun se puede descargar aquí.

Lo guai para los políglotos wannabes es que los diálogos están en inglés y en francés, con subtítulos en francés. En estos casos me pasa una cosa curiosa: el francés se convierte en mi lengua materna y el inglés en una lengua extraña. Si intento cambiar el chip, entiendo el inglés, vale, pero echo en falta los subtítulos en francés. Tengo que hacer un gran esfuerzo para ser políglota a tiempo completo.

Aparte del cansancio, me he parado a escribir porque en la peli ha habido un “momento Amélie” (voz en off, imágenes con “color antiguo”). La voz decía algo así:
“Te enamoras de alguien a los 25 años y te pasas 60 años haciéndolo con la misma persona. O bien, no conoces a nadie, y te pasas 60 años sin hacerlo”. Y esto, cenando arroz pasado.

Ha sido una semana dura. Es cierto que necesitaba un cambio, pero los cambios siempre se me hacen difíciles. Creo que he pasado la prueba, más o menos. Me queda mucho por aprender y por pelearme, pero el ambiente de trabajo es bastante tranquilo. El sitio está bastante lejos de casa, pero cerca del mar y hoy he aprovechado para ir a la playa. Quería ir esta semana pero, entre ir dos días a firmar el finiquito y otro día a correr con extraños. Así que fui preparado al trabajo y, a la salida, como Suprunaman (o Supuerroman) me disfracé en el lavabo para acabar la tarde en la Mar Bella y hacer una parte del camino de vuelta con el bicing, triatlón dominguero.

P.D.: Veo en la wikipedia que la película es la segunda parte de “2 days in Paris”. Y que el padre de la prota es el padre de la persona que hace de la prota en el mundo y la vida real.

Bienvenidos a Almanya

“Pedimos trabajadores: vinieron personas”

Completando mi particular trilogía de “algo tendré que hacer ahora que no voy a la escola oficial”, ayer volví a l’espai v.o. de l’Hospitalet. En principio, no iba a ir, porque las críticas de la película no la ponían muy bien, que si simplista, buenrollista. Además, el principal motivo de verla es que es alemana, pero no, es turcoalemana. ¿Y si pasa como con Absurdistán, que estaba rodada íntegramente en ruso? Pero como había estado neguitòs todo el día, después de entregar mi carta de baja voluntaria dije, ¡qué c…!, me voy al cine, a ver una comedia facilona y así mato la tarde-noche.

Con la taquillera, en tres días, hemos llegado a una relación de complicidad total. Nos quedamos mirándonos, y nos reímos. Ella sabe qué película voy a ver y yo sé que lo sabe. Pero está obligada a advertir: cuidao! que es versión original. Si la vida fuera una película, o yo más valiente, o ella más joven, este podría ser el principio de una hermosa amistad.

“Almanya: Bienvenidos a Alemania”. La película me gustó mucho. Tiene un algo de Jean-Pierre Jeunet, quizá lo colorido de su fotografía y, sobre todo, la manera en que la imaginación de los personajes se mezcla con la historia. Alquien dirá que cuánto daño ha hecho Amélie, pero a mí me ha gustado. Es una película coral, no hay un protagonista claro, quizá el nieto, nacido en Alemania y que no sabe hablar turco. El chaval es tan mono que dan ganas de matar a sus padres y adoptarlo pero, sus padres también son muy monos. Todos son muy monos y, para contrarrestar tanta belleza, (SPOILERAZO, pero como esto no lo lee naide), meten por ahí a Angela Merkel. Gracias a que el vailet no sabe Türkisch la narradora se enrolla y en su historia los turcos hablan alemán, y los alemanes hablan en alemán raro, con las letras cambiadas.

Porque los alemanes son raros. En casa solo comen cerdo y patatas (y en la iglesia comen personas), van medio desnudos (con el frío que hace) y no llevan bigote, y están obligados por decreto no de ley a veranear en Majorka. Me encanta cuando dicen: ¿pasean a los perros? ¿Qué pasa, que los perros no saben pasearse solos? Me sentí muy identificado con los turcos, sobre todo en la escena del metro. O en Alemania todos los metros son iguales, o era el metro de Múnic. Y los edificios feos son iguales que los edificios feos de Múnic. No lo dicen en ningún momento, pero la ciudad alemana donde transcurre media peli tiene, que ser Múnic. En otra película, The Commitments, dicen que los irlandeses son los negros de Europa. Yo creo que casi toda Europa, menos los vikingos, somos los negros de Europa.

Contenido extra. La sopa de piedra: