1309 – Viaje a Ikea (septiembre 2013)

He aprovechado el tema tan interesante de mi visita a Ikea para hacer una redacción. Supongo que hay montones de errores, que ya revisaré cuando la pase a boli. Luego mi profe me dirá que por qué no escribo sobre cosas normales…

Ich bin in Deutschland gekommen, nur mit einem nicht so großes Tasche und meinem liebem Rucksack. Am Anfang, habe ich ertwartet, dass ich früh züruck nach Barcelona gekommen wäre. Dann könnte ich viele meiner Sachen mit meinem Vater im Auto mitbringen. Mit allen diesen Dingen ist meine Katze inklusiv. Sie fehlt mir so sehr.

Leider war es nicht so einfach, eine Wohnung zu finden. Mein Zuhause wird am ende des Jahres abgerißen werden, so kann ich nicht zu viele Sachen behalten, weil ich bald umziehen muss. Und meine Katze könnte nicht so viele Änderungen ertragen. Zum Gluck wohnt die Katze mit meiner Schwester und ihrem Mann und sie kümmern sich viel um sie.

Jetzt wird es immer kälter und ich habe nur eine dünne Decke, die meine nette Mitbewohnerin gegeben hat. So muss ich dazu etwas machen. Deshalb Letzen Dienstag war ich nach Ikea gefahren um Decke und Bettücher zu kaufen. Vom Arbeit habe ich einen Zug bis nach Böbblingen genohmen und da bin ich nach Singelfinden umgestiegen. Da musste ich für eine Weile neben die Fahrbahn nach Ikea wandern.

Ich glaube dass, alle die Ikea der Welt sind exakt gleich. Sogar riechen sie egal. Dabei, wenn man Ausländer ist, ist es einfacher zu finden, was man braucht. Jedenfals hatte ich Probleme mit die große des Bettes und dessen des Interlaken. Ich habe keinen Angestellte gefunden, so schließlich habe ich danach, eine Kundin gefragt.
Am Ende meines Einkaufs hatte ich mit mir auch eine große Decke und ein Kissen gekauft. Und auch manche billige Messer, denn wir haben nur eines, die gut schneiden kann. Leider bevor das Bezahlen musste ich zwei Male in der Schlange warten, denn meine Zahlungskarte schein fast immer in Deutschland ungültig zu sein.

Viaje a Ikea suena a viaje a Ítaca. “Si viajas hacia Ítaca, ruega que el camino sea largo. No temas perderte entre la zona de iluminación y la de cuadros. Detente en el almacén y reza porque exista esa puerta de armario en la medida y el color que buscas. No te dejes tentar por las albóndigas y las salchichas. No son tan baratas como parecen. Mas no olvides llenar tu cantimplora de refresco de arándanos.”.

He buscado “Reise nach Ikea” en google y he encontrado esto:

Me encanta. Tampoco entiendo mucho de lo que dicen. “Paprika” es pimiento y “vorbeifahren” quiere decir algo así como pasarse de parada. Estoy tan contento de estar en un país con un idioma que se ajusta tanto a mi manera de ser y mis necesidades. 😀

Anuncios

Un año como vegano

Tal día como hoy, bueno, era jueves pero, tal día como hoy, hace un año me levanté, muy temprano y con mucho sueño, de mi cama en el albergue “juvenil” de Stuttgart. No había dormido bien, porque un viejo, compañero de habitación, me había pegado una bronca tremenda en medio de la noche por no cerrar del todo la puerta del lavabo. El sitio no me gustaba mucho: era muy caro, poco acogedor, sin cocina y los compañeros de albergue eran normalmente gente mayor y borde. Lo único bueno era el buffet de desayunos donde, por última vez, me hinché de müsli, mermeladas raras, yogur y, cual Heidi, un montón de panecillos que pude esconder en mi equipaje: mi mochila de peregrino y una bolsa grande y azul que se estaba descomponiendo.

Tal día como hoy salí del trabajo con todas mis posesiones hacia mi nuevo hogar. Una casa con fecha de caducidad, ya que a final de año teníamos que abandonarla. “The building will be destroyed”, me dijo Selina. Palabra nueva: zerstören. Le había dicho que les confirmaría si me quedaba con la habitación el viernes, pero el día anterior, “celebrando” la diada en el albergue mientras cenaba raviolis fríos, le llamé para preguntar si me podía trasladar el día siguiente. Tal día como hoy.

Tal día como hoy descargaba mis trastos en una habitación que había sido parte de la cocina, extendía mi saco de dormir sobre el colchón de Lukas, el antiguo Mitbewohner (otra palabra nueva) y ayudaba a Selina a montar muebles con cinta adhesiva. Leonie, mi otra compañera de piso llego al rato, con cara de asustada. No hablé mucho con ella al principio, parecía tan tímida como yo, y Selina hablaba todo el rato. Al final se hizo tarde y, mientras Leonie se preparaba algo para cenar, le pregunté dónde había una tienda cerca. Me lo explicó, más o menos, pero me dijo que estaba cocinando Spätzle y que podía cenar con ella. Le dije que era vegetariano y ella me contestó que no había problema, que lo haría con verduras. Su hermano era vegano y ella intentaba no comer mucha carne.

Mientras cenábamos, Leonie se puso a echar queso rallado a su plato y me ofreció el paquete. Entonces, tal día como hoy, le dije que mejor no. Pero, no eres vegano, no? Eh…, no, pero creo que voy a hacer un Praktikum como vegano. Aquí no me conoce nadie y puedo ser otra persona, puedo probar cosas nuevas, puedo equivocarme y no tengo que dar explicaciones. Ese día mi vida cambió bastante, tendría que hacer la compra con un diccionario (“Eiweiss” significa tanto proteína com clara de huevo) y me daría cuenta de hasta qué punto son adictivos los lácteos. Tardé un tiempo en entender que tendría que comer más cantidades de comida para conseguir la misma energía que me hubiera dado el queso rallado.

Leonie, por ese día tal día como hoy y por muchos otros días es y seguirá siendo la persona más importante de Alemania y una de las personas a las que más he querido. Quizá porque nos parecíamos mucho o quizá porque yo no tenía a nadie más. Alguien esperará que diga que, desde ese día, no he consumido, vestido, utilizado ningún producto animal. Pues, para empezar, el Spätzle lleva huevo y el edredón que compré en el Ikea la semana siguiente tenía relleno de plumas…

Winter is coming

Se acerca el invierno y aquí va a ser más largo y duro que en la Mediterrània. Mi mantita azul sigue dándome seguridad pero no sé si será suficiente. Así que, después de buscar sin éxito en tiendas de segunda mano, el martes me dirigí a Ikea en busca de coberturas más poderosas.

En Stuttgart hay dos Ikeas. Uno está en Ludwigsburg (en la muy española wikipedia la llaman Luisburgo, ja!), la capital de las calabazas que visité el sábado. Así que esta vez fui a Sindelfingen, un nombre que resuena a la geografía de Tolkien. Hay que hacer transbordo, y los trenes por la tarde no pasan con tanta frecuencia. Además como tantas veces, entro lo tonto que estoy y los malos consejos de google maps, me bajé en la parada que no era y acabé andando bastante. Pero Suttgart (y alrededores) es genial para andar por andar. Está lleno de vías verdes (verdes de verdad, con hierba y árboles y ardillas), sin coches. Cuidao con los ciclistas, eso sí.

Del Ikea no voy a hablar. Es exactamente igual que todos los Ikeas donde he estado. Incluso huele igual. Eso sí, comparado con el Ikea del Granvía, hay muy poca gente y se puede comprar tranquilo. También hay poco personal y, cuando tuve dudas, acabé preguntando a los clientes. Aprovecho para limpiar un poco mi conciencia. Creo que me he quejado demasiado sobre la “mentalidad alemana” y al final he hecho gala de los peores estereotipos de la “mentalidad española”: quejarse por todo y decir que en casa se está mejor que en cualquier sitio. La verdad es que muchas veces he necesitado ayuda y la gente se ha esforzado muchísimo en entenderme y en explicarme cosas que para ellos son obvias.

Finalmente, después de nosecuantas horas de vagabundeo por esta sucursal del Valhalla en Valinor fui a pasar por caja con una almohada, una sábana ajustable, y un juego de sábanas azules como mi mantita, un edredón de nivel 4 y unos cuchillos chinos cutres (en casa solamente tenemos un cuchillo que corta, el cuchillo único). Las cajas están petadas de gente. Hay pocas cajas y la mayoría usan el autopago. Yo he tenido muchos problemas con mis tarjetas de débito, así que hice la cola larga, a ver qué pasaba. Y pasó lo de (casi) siempre. La caja solo acepta Maestro y la Geldkarte que usa todo el mundo aquí. Visa/Mastercard = verboten! Así que tuve que dejar todos mis trastos allá (pobre chica) ir al cajero y volver a chuparme toda la cola. Creo que lo normal aquí es ir cargado de billetacos. Nadie te va a robar por la calle y, a la hora de pagar en cualquier lado, nunca te miran mal si les das billetes grandotes. Dinero…

Con los transbordos y toda la movida, llegué tardísimo a casa. Por suerte, nuestro alquilino danés había preparado un montón de pasta para cenar y yo no consiento que se tire nada de comida. Qué bien se está en casa… Y qué pena que el astrofísico se marche el sábado…

Las llaves de casa

Ayer me despedí del albergue. Me devolvieron mi carnet de alberguista y los 5 euros de fianza y me llevé todos mis trastos al trabajo. Echaré de menos esos desayunos jevis: panecillos de varias formas e ingredientes, montones de müsli con yogur, frutas y verduras cortadas, tres tipos de queso en lonchas que saben a lo mismo (a nada) y máquinas dosificadoras de mermeladas, mieles y siropes de algo que no sé qué es. Y, durante los tres días del curso, para no interrumpirnos, bocadillos con mucho verde y bretzels gigantes. Está bien no tener que preocuparse por la comida, sobretodo cuando no tienes nevera.

Hoy he tenido otro día tonto, equivocándome de camino en los trayectos que hago cada día, mojándome bajo la lluvia y comiendo ensaladas hechas con latas de conservas del Lidl. Y sigo sin tener muy claro qué hacer en el trabajo. Curiosamente, al dejar todos mis trastos al lado de la mesa donde trabajo, la secretaria que también se encarga de ayudar a los sin techo viene a decirme que en su casa pronto tendría una buhardilla vacía. Le he dicho que ya tengo piso pero, como es temporal y nunca se sabe, me guardo el ofrecimiento. Con los compañeros bromeamos un poco sobre lo que es vivir en una casa con sentencia de muerte. A lo mejor aparezco en las noticias encadenado a la fachada, para que no la tiren.

Bueno, la fachada no es muy bonita. La entrada está en una especie de patio y en la escalera solo hay tres pisos, uno por planta. Cuando entro, me acompaña un señor que no sé si es el casero, pero se lía a hablar muy rápido (para mí) con la chica que me recibió el otro día. Algo de las copias de las llaves. Deben ser las que me da mi compañera (mis llaves!) antes de bajar otra vey y empezar a sacar cosas de un coche. Yo bajo a ayudarla. Son muebles desmontados… y más cosas. No hablamos mucho. Enseguida llega la otra studentina, le doy la mano (sucia de polvo) y se ponen a hablar muy rápido (para mí) entre ellas. Yo sigo cargando hierros y maderas. Bué, al menos me han aceptado. Montamos unas estanterías que bailan muchísimo, pero apoyadas en una esquina, ça va. Mis muebles son: un colchón con una sábana ajustable demasiado pequeña, una silla y una cómoda que sirve de mesa con bastantes cajones. Luego van a buscar tornillos. No tengo ni idea de cómo se dice “tornillo” en alemán, pero tienen una “caja de los tornillos” como la que tienen mis padres. Hay montones de Schrauben (ara sí, tornillos) pero no encontramos ninguno que sirva para montar una cosa rara de metal, que resulta ser un cacharro para poner zapatos. Entre dos conseguimos aguantar la estructura mientras la primera chica que conocí, que solo lleva aquí desde agosto pero parece “la jefa”, la envuelve con celo (scotcher es un verbo muy útil en francés), a ver si aguanta. Luego se ponen a sacar cosas de cajas y repartirlas por la cocina, tirar las cajas a la basura y a colgar un cuadro en el salón. Yo no sé muy bien qué y cómo hacer para ayudar, así que me voy a repartir mis cosas en los cajones y las estanterías. Tengo un par de dibujos con sus cuadritos del Ikea que convierten mi habitación patera en una home-sweet-home al instante. Además, mi ventana da a la calle. Qué bien se está en casa, Hobbes.

La jefa acaba de colgar el cuadro y se encierra (con cerrojo, esto lo sé porque más tarde me equivocaré de puerta), en su habitación. La otra me dice que si quiero cenar. Ja! Y se pone a cortar verduras. Me ofrezco a ayudarla, pero dice que solo hay un cuchillo. Yo voy a buscar mi navaja multi(4)usos, le “truc camping” que compré en un estanco en Chaumont, pero no la impresiono mucho. Así que espero en mi cuarto a que me hagan la cena y comemos juntos. Ha preparado demasiada camida, verduras con una especie de cuscús alemán, pero yo como bastante poco, por vergüenza, no por falta de hambre. Hablamos un rato, en alemán, que les he dicho que no me hablen en inglés, que tengo que hacer inmersión lingüística y esas cosas. Parece maja. Le pregunto que cómo y cuando tengo que pagar el alquiler. El alquiler lo paga ella y yo tengo que ingresar el dinero en su cuenta. Y tengo que pagar una fianza (511 euros) a un chico. Ei, y si van a tirar el piso, quién me devuelve la fianza? Keine Sorge, que el duenyu ha dicho que nos la pagará él. En fin, aun no he pagado ni firmado nada, pero he cenado y tengo donde dormir. Para pagar la cena, me ofrezco a lavar los platos, los de la cena y los de hace días. Lavar platos me relaja muchísimo y al final me voy a la cama sin decir Gute Nacht ni nada. No sé dónde está la gente, es una casa muy larga, un pasillo con puertas a cada lado y un lavabo en los dos extremos. Me vuelvo a mi habitación, que es un anexo de la cocina y me meto en mi saco de dormir. Tendré que comprar una manta o algo. Entra muchísimo frío por la ventana.

Bona nit.

Corazón de mudanza

Estos días de cursillos están siendo bastante duros. Por suerte hoy era último. El profesor es bastante bueno y mi compañera muy aplicada. De mí no se podría decir tanto. La teoría la asimilo bastante bien, hago preguntas, guai. Pero para la práctica, mi incapacidad de seguir instrucciones y el ordenador que se niega a responderme hacen que vaya muy lento. Tengo ganas de tener trabajo real, en la oficina parece que nadie tiene nada que hacer e intenta disimular.

Estos días no ando muy fino. El tiempo está cambiando, las horas de sol son muy poquitas y llueve cada dos por tres, a veces tormentas violentas con mucho viento, a veces una llovizna que dura todo el día. Tampoco duermo demasiado bien. En la habitación del albergue solo tengo tres compañeros, nunca los mismos. He intentado hablar con ellos, pero la mayoría ni siquiera devuelven el saludo. (Hecho de menos a mi amigo de Facebook Shuji, aunque me despertara para preguntarme si sabía dónde estaba el Hotel Nosequé de Munic). Todos nos acostamos y nos levantamos a horas diferentes. No me siento cómodo aquí. Así que, como hoy es el último día que he pagado, he decidido llamar a la casa que vi el lunes, para decirles que me quedo con ellas y que me traslado mañana. Aunque nos tiren la casa. Paso al loco de la calle!

Mañana había quedado con otra chica. Ei, no es que solo busque chicas; son las únicas que me responden, incluyendo las que viven en Nigeria y han heredado una casa de su abuela de Stuttgart y no me pueden abrir la puerta pero, si les ingreso algo de dinero… en fin, hay muchos anuncios de éstos. Pues eso, que había quedado con una chica, pero el piso cuesta casi el doble, no está muy bien comunicado y he visto (no me había dado cuenta) que “se puede fumar en toda la casa”. Pos nada, mañana nostrasladamus y a ver qué pasa. Necesito un poco de estabilidad en el trabajo y tener una casa o algo que se le parezca.

Ayer, como tenía el día una mica girat, hice otra expedición después del trabajo. Había visto que había un castillo en medio del bosque no muy lejos (poco más de 10km) de mi empresa, Schloss Solitude. El camino es bastante chulo, atravesando bosques, riachuelos, lagos y carreteras regionales. Una manera como cualquier otra de llenar de barro tus únicos pantalones “limpios”. (Todas mis camisas es la segunda vez que me las pongo. Llevo una diferente cada día, pero eso no quiere decir que las lave. Yo confieso. Cuando llegue a mi nueva casa, voy a poner la segunda lavadora más feliz de mi vida, después de la del camino). Eehh, pues eso, que Stuttgart no será la leche como ciudad, pero está rodeado de bosque, a la vez protegido que cuidado y accesible.

El castillo en cuestión ahora está literalmente vacío y un poco desangelado. Las vistas a la ciudad tampoco son tan bonitas. Desde el albergue también se ve Stuttgart desde el otro lado y, así como en conjunto, es muy fea. Antiguamente, en tiempos del rey (o kaiser, o algo) Ludwig, el castillo debía ser una residencia de verano, con un jardín-laberinto que te cagas para celebrar fiestas y juegos erótico-festivos. Pero parece que la cosa no triunfó mucho…

Fotacas:

Imagen
Imagen

Y yo sigo con mi particular odisea en plan Amélie Poulain para devolver la vida y la humanidad a los cajeros de los supermercados. ANÉCDOTA ESTÚPIDO-ABURRIDA. El otro día se me olvidó poner el trocito de plástico que separa mi compra de la de los otros clientes. Hay que decir que las cajas son larguísimas, con una cinta transportadora que parece una cadena de montaje, y los plastiquillos van montados en un riel, como trenecitos, que el cajero lanza a la otra punta de la caja. Bué, se me olvidó, o pasé un poco, porque los tres compradores solamente teníamos dos cosas cada uno. Psí, super interesante. En fin, que el tío que está delante mío ve que sus dos cosos se acercan a su destino final y, ágil, coloca un palito para separar sus cosas de mis cosas. Pos muy bien. Cuando está pagando, eh… también hay que decir que la zona donde se paga está ya fuera de la caja, para que ela cajer@ pueda escanera los cosos del siguiente cliente. Y date prisa en pagar, y recoger el cambio y meter las cosas donde puedas, mientras se mezclan con las del siguiente cliente que también quiere pagar. En fin, que cuando tocaba escanear mis cosas, mi yogur y mi lata de ravioli se juntaron con los dos paquetes de café del chico que tenía detrás. Y eso que estaban separados como a dos metros. Qué pasa?, es mi blog y escribo lo que quiero. El chico dijo, ¡no! La pobre cajera autómata tuvo que apartar la mirada de su metro cuadrado de caja donde escanea cosas, recoge dinero y busca cambio y recibos y hacer saltar la alarma. Tuvo que venir otra chica de otra caja y reiniciar la máquina. En fin, que si hubiera habido más gente en el súper, me hubieran linchado. FIN DE LA ANÉCDOTA.

Bona diada.

A place to call home

Al final, el chico de ayer, Shuji era muy majo. Es un japonés que está visitando Europa, ciudad por día, empezando en Copenhage. Me dio una tarjeta con su mail y su facebook y su bandera. Hello, I’m from Japan, dice la tarjeta. Qué mono. Le he envíado una solicitud de amistad. No sé, a lo mejor quería eso.

Los compañeros de hoy no han hablado conmigo. Uno intentaba dormir a las 8 de la tarde y el otro, al menos me ha saludado. Yo le he dicho “hola” porque tiene toda la pinta de ser de mi barrio. O sea, boliviano. Pero creo que solo habla alemán. Es tán fácil ser prejuicioso y de ahí al racismo hay un paso. Al final he salido de la habitación a montar el chiringuito de bloguero a la recepción del hotel/albergue.

Hoy ha venido al trabajo un señor a darnos clases de “la herramienta”. Solo a la venezolana y a mí. Todos le llaman Vincent, pero se llama Vicenç y habla español con acento gironí. La clase ha estado bien y me ha aclarado muchas cosas, pero yo no estaba muy cómodo y no era capaz de seguir las instrucciones. Parece que tanto tiempo sin tocar “eso de los ordenadores” me ha oxidado. O liberado. A veces parece que son los ordenadores los que programan a la gente, obligándoles a actuar siguiendo unos pasos que dictan ellos. En fin, tengo que centrarme. La vena antisistema…

En realidad no estaba nervioso por no entender el ordenador, ni por el teclado alemán, ni por no ver un pijo en la sala del proyector. Hoy he tenido mi primera visita a mi posible futura casa con mis posibles compañeros de piso y casi llego tarde por culpa del Vicenç. El piso es más o menos céntrico (en realidad muy céntrico, teniendo en cuenta cómo es Stuttgart) y está a cinco minutos de la estación del S-Bahn (el tren urbano, una especie de Ferrocates). Aunque la zona no es muy bonita, hay un montón de tiendas, supermercados y restaurantes baratos alrededor y la situación es muy buena, sea dónde sea que me acaben mandando a trabajar, que debería ser Winnenden, aunque ahora voy cada día a Vaihingen. Y el alquiler es baratísimo.

Pero hay peros. Cuando la chica me abre la puerta, ya se ve que la casa es un poco desastre. Y, en mi habitación, por ahora solo hay un colchón. Se puede arreglar, podemos buscar algún mueble o algo, ei! En teoría compartiría piso con dos estudiantas, pero la que lleva los asuntos del piso es la otra, porque ella solo lleva aquí desde agosto. Y, al tantu, que es una pena porque el piso lo van a tirar en noviembre. They’re gonna destroy the building. Y, en ese momento, se me giran los cables y me monto la película de mi vida en esta casa. Me quedo aquí, que quieran destruir la casa donde vives es lo más alucinante que te puede pasar, en la guía del autoestopista galáctico! Para acabar de convencerme, la chica dice que, cuantos más vecinos seamos, más posibilidades tenemos de salvar el piso. Yo le digo que tengo que ver otro piso el jueves (es verdad) pero que no me importa que la estancia sea temporal. Solo podemos vivir la vida de manera provisional. Y lo de la colchón en el suelo… El colchón parecía bueno, y en peores sitios he dormido como peregrino. En fin, que ya veremos.

Stuttgart – día… paso de contar días!

Bueno, hoy no escribiré gran cosa, porque ya no estoy solo en mi habitación. He perdido mi intimidad y la conexión a internet. Espero que no me digan nada por compartir la banda ancha del móvil con el ordenador.

Tampoco hay gran cosa que contar. Hoy me he mudado del gran hotel al International Jugendherberge. El sitio, si no hacemos caso a google maps y subimos un montón de escaleras, está a un cuarto de hora de la estación. Eso sí, hay que pasar por dos túneles y, lo dicho, subir un montón de escaleras. El hostal, sobretodo su recepción y su restaurante se da aires de gran hotel. Y como buen hotel, las duchas están en las habitaciones y NO se puede usar la cocina. Ni siquiera hay microondas. El recepcionista me ha dicho que puedo preguntar al cocinero del restaurante. En fin, creo que seguiré mi dieta de legumbres frías, porque estoy gastando un montón de pasta y no encuentro la estabilidad que necesito para vivir al día. El hostal es bastante caro y he tenido que hacerme la tarjeta de la asociación (18 euros, en Catalunya eran 10 hace dos años). Y el transporte sale a 25 euros la semana.

Hoy no he hecho gran cosa. He roneado en el hotel hasta casi las 11 y he venido al albergue en plan expedición, intentando aprender el camino. Luego he ido a Bad Cannstatt, el barrio (o comuna) donde se supone que debería vivir, porque es barato y más o menos céntrico y bonito. No está mal. Tiene sitios como tantos hay por aquí que, si les haces una foto, la gente diría “ualah!, dónde está eso”. Es lo que tiene cuidar los edificios y lo que se construye a su lado. La semana que viene hay un festival o algo así, donde la gente se viste con el traje típico suabo, que es un poquito más discreto que el bávaro.

Ahora, a mi lado hay un asiático que no habla inglés ni alemán, que no para de removerse en la cama. Acabaré el post diciendo que Bad Cannstatt es célebre por sus aguas minerales (baden es bañarse). Hay algunas fuentes donde se pueden probar, aunque yo solo he visto una, bastante rara, donde he bebido bastante agua, que sabe a tubería oxidada. Después he visto en un cartel que los médicos dicen no es bueno beber mucho de ese agua pero, coi, yo tenía sed.