Muenchen: ¿Y ahora qué?

Pues ahora nada.
Iba a esperar a que me contestaran ellos, a que decidiera el “destino” por mí. ·n plan Amèlie: “y si no, pues nada”.
Pero les he dicho que no.
Pues nada.

No me veo pasando mis primeros días en Munich en invierno. Es una ciudad bonita, antigua, pero sin mucha vida fuera de los bares y las braserías. Es normal, hace frío, nieva, la gente se recoge y se refugia en edificios de doble puerta. Entrar en un bar es entrar en otro mundo, las gafas se te empañan en medio segundo. Pero no me veo pasando mis primeros días allá solo.

El trabajo que me darían tampoco me motiva. Y el sueldo no me sale a cuenta. Supongo que también influye la mala experiencia (y la vergüenza) de no habernos entendido con el salario antes de viajar, y que mi compañía aérea dejara de existir en el momento en que pisé el país.

En fin. Solo queda pensar que allí tuve una oportunidad, la he dejado pasar, pero puede que surjan más. Y parece que estoy preparado para agarrarme a ellas.

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Muenchen: La entrevista

El jueves recogí la casa, me despedí de la señora y fui a cenar (y a dormir) a casa de mis padres. El vuelo sin incidentes. Bueno, me petó el boli en la mano y me dieron un bizcocho bastante bueno. Y periódicos. Al salir del aeropuerto, caía aguanieve, y había montoncitos de nieve en los rincones.
La llegada al sitio también fue bien. Ya me había hecho la ruta de tren y metro, con sus transbordos y todo. El tren estaba bien, pero los metros son muy viejos. Y muy lentos.

Mi futurible empresa está en una zona residencial, pero residencial cutre. Edificios grandes y viejos y feos. Con jardines centrales desnudos. Me paseo un buen rato, porque tengo tiempo de sobra. Son las once y la entrevista es a las tres. Hace bastante frío, y mi traje es de verano. Mis zapatos tampoco están hechos para la nieve. Como medio mal en un restaurante donde todo el mundo habla en serbio, me pierdo otra vez y voy a la entrevista con un cuarto de hora de antelación.

Pico, y el chico, el sr. Simonis, viene enseguida a recogerme. El sitio está en un edificio pequeño de dos plantas en medio de la mazana. En la oficina debe haber cuatro personas y no me presenta a nadie. Me lleva a otro cuarto y empieza a sacar galletas, pastas, zumos, refrescos… Yo solo quiero agua, no es necesario. No, si no es solo para ti, es para nosotros.

Me quito la americana, aqui nadie lleva traje. Ni camisa. Y la calefacción está altísima.

Me cuesta horrores hablar en inglés al principio. Solo me salen palabras en alemán. Hablo un poco en alemán con el chico y el tío flipa. Como si estuviera escuchando hablar a un perro.

Ya más tranquilo, empiezo a contarle mi vida en (más o menos) inglés. Pero me interrumpe otro chico, bastante joven, al que tenemos que poner al día. El Simonis le dice algo así como: “Oye, y habla alemán… Es la hostia! Va, dinos algo en alemán! Míralo, ¡cómo mola!”
Hablamos y comemos, como en Telecinco, hasta que llega el jefe. El sr. Ganzleben (me encanta su apellido: Todalavida o Lavidaentera). Más mayor, más serio, habla muy despacio y no se le entiende bien. Parece desconfiado. Vuelven a hacer el juego de “va, venga, habla en alemán”, pero esta vez no tiene tanta gracia. Me pregunta que qué me resulta más fácil, hablarlo o entenderlo. Le digo que hablarlo, claro… Cagada, porque toda su documentación está en alemán, y estaría bien que la entendiera.
Para no cansar… La entrevista duró casi dos horas. Los entrevistadores iban y venían, y yo tenía que repetir constantemente las mismas explicaciones. Me enseñaron la web y me explicaron que tendría que mantener cientos de tablas y procedimientos. Que si me veía preparado. Hombre, pues sí. Me costaría al principio (el proyecto es un marronazo). Y al final, solo al final, hablamos de dinero.

Que cuanto quería. Yo ya iba con mi cifra apuntada. 45.000 euros brutos al año. Los impuestos se me llevarían la mitad, y yo tengo obligaciones aquí. Y hay que prosperar.

Doble cara de póker. Triple cara de póker (con la mía). Yo… tengo… apuntado… (el jefe hace una pausa después de cada palabra) que pedías 35.000. (En ningún correo de los que les envié, ni en la conversación telefónica hablamos de cifras. Supongo, aunque aun no lo he mirado, que cuando me apunté a la oferta debí escribir eso) Me explica la historia. Un licenciado tiene que esperar muchos años para cobrar eso, yo no soy licenciado y aun no saben cómo trabajo. ¿Y mi experiencia? Nada. Con esa cantidad se puede vivir muy bien en Munich. Bueno, te lo piensas y nos dices algo cuanto antes. ¿Has traído las facturas? El señor me paga en billetes el coste del avión y el hotel, más 20 euros de tren (ida y vuelta). Me mira muy raro.
El sr. Simonis me dice que le acompañe (ahora me dará una paliza) y me enseña su sistema. Un buzón con un lector de tarjetas donde la gente deja o recoge las llaves del BMW. Visual Basic 6 y PL-SQL. Y una web horrible que aun no está en funcionamiento y en la que yo no tendré nada que ver. Y me acompaña a la salida, deseando volver a verme pronto. Es un gran tipo, el sr. Simonis.

Muenchen: Introducción 2

Jueves 19. A las nueve en punto, suena mi móvil, un número muy largo y una mujer que me habla en francés. Cojo un boli y una libreta (en realidad una agenda del 2010) y bajo corriendo las escaleras. Hago la entrevista en la portería del edificio, sentado en un sillón, dibujando las plantas. Explico en francés cutre mi experiencia profesional y mi educación; lo típico. Ahora no recuerdo bien de qué iba el puesto, aplicación web en C#, en el parque tecnológico deSophia Antipolis. Me pregunta por mis “pretensiones económicas”. –¿35.000? (¡atención a la cifra!) –Ya te llamaremos. –Lo dudo.

El mismo jueves, a las 3, el sr. Simonis (el de Munich) no me llama. Me desespero un poco, hasta que a las 15:40 me envía un mail disculpándose, que no me podrá llamar hasta las 15:45. ¿Ein? ¿Para eso me envías un mail?
En realidad me llama a las 15:50. La oferta es para programar en PL/SQL. Una aplicación enorme, llena de tablas y procedimientos, que no entiendo muy bien de qué trata. Y eso que la entrevista duró como una hora, la mayor parte del tiempo de la cual se fue en explicarme a qué se dedica la compañía. Algo de coches y coger las llaves nosedónde y luego dejar el coche y las llaves en otro sitio. Bemeuves y Porsches. No hablamos de dinero en ningún momento, y el tío no sabía que yo estaba estudiando alemán. Me preguntó si estaba interesado. Le digo que sí. Me dice, mejor me dices que sí por mail, y luego hablamos. Le digo que sí por mail. No me contestan…

No me contestan hasta el viernes por la tarde. Que qué me parece hacer una entrevista allá, en Munich, el viernes siguiente (27). Que cuánto me costaría, a ver si ellos pueden hacer frente a los gastos. Hago mis cálculos. Me tendría que quedar a dormir una noche, pues la entrevista sería a las tres, y para volver por la noche los vuelos son bastante caros. Me saldrá por unos 300 euros. O así.

El lunes me responden que les parece bien, que compre el vuelo lo antes posible. Eso hago. Me paso la semana calculando (y preguntando) cuánto dinero debería pedir y repasando PL/SQL. Me corto el pelo y decido que iré a la entrevista en traje, pero sin corbata.

Muenchen: Introducción 1

Voy a hacer un homenaje a Raul y voy a escribir un poquillo mis aventuras más allá de la frontera

El martes 17 de enero, por la mañana, una empresa de Lyon me había enviado un mail, explicándome que habían visto mi currículum en lesjeudis.com y que estaban muy interesados en mí, que si podía acordar una entrevista con ellos. Era para un trabajo bastante parecido a lo que hago ahora. Cuando trabajo. Yo les dije que estaba interesado, y acordamos una entrevista telefónica para el jueves 19, a las nueve de la mañana. D’accord, haré la entrevista desde la oficina.

Y después de comer, me encuentro con otro mail, esta vez en inglés. Se trata de una empresa de Munich, que se llama CreamTeam, diciendo que les interesa mi candidatura. Yo no recuerdo haberles enviado ninguna candidatura, no me suenan de nada, pero les digo que vale. Les explico, como en el caso de los franceses, que vivo en Barcelona, que me lo tendría que pensar antes de desplazarme, que estoy trabajando… Me contestan enseguida, que lo comprenden todo, y que si estaría dispuesto a concederles una entrevista por teléfono esa semana. Al final, me pongo de acuerdo con él para hacer la entrevista el jueves 19, a las tres de la tarde. Dos entrevistas, en dos idiomas diferentes, el mismo día. ¡Y también sin padrinos, D’Artagnan!