Bienvenidos a Almanya

“Pedimos trabajadores: vinieron personas”

Completando mi particular trilogía de “algo tendré que hacer ahora que no voy a la escola oficial”, ayer volví a l’espai v.o. de l’Hospitalet. En principio, no iba a ir, porque las críticas de la película no la ponían muy bien, que si simplista, buenrollista. Además, el principal motivo de verla es que es alemana, pero no, es turcoalemana. ¿Y si pasa como con Absurdistán, que estaba rodada íntegramente en ruso? Pero como había estado neguitòs todo el día, después de entregar mi carta de baja voluntaria dije, ¡qué c…!, me voy al cine, a ver una comedia facilona y así mato la tarde-noche.

Con la taquillera, en tres días, hemos llegado a una relación de complicidad total. Nos quedamos mirándonos, y nos reímos. Ella sabe qué película voy a ver y yo sé que lo sabe. Pero está obligada a advertir: cuidao! que es versión original. Si la vida fuera una película, o yo más valiente, o ella más joven, este podría ser el principio de una hermosa amistad.

“Almanya: Bienvenidos a Alemania”. La película me gustó mucho. Tiene un algo de Jean-Pierre Jeunet, quizá lo colorido de su fotografía y, sobre todo, la manera en que la imaginación de los personajes se mezcla con la historia. Alquien dirá que cuánto daño ha hecho Amélie, pero a mí me ha gustado. Es una película coral, no hay un protagonista claro, quizá el nieto, nacido en Alemania y que no sabe hablar turco. El chaval es tan mono que dan ganas de matar a sus padres y adoptarlo pero, sus padres también son muy monos. Todos son muy monos y, para contrarrestar tanta belleza, (SPOILERAZO, pero como esto no lo lee naide), meten por ahí a Angela Merkel. Gracias a que el vailet no sabe Türkisch la narradora se enrolla y en su historia los turcos hablan alemán, y los alemanes hablan en alemán raro, con las letras cambiadas.

Porque los alemanes son raros. En casa solo comen cerdo y patatas (y en la iglesia comen personas), van medio desnudos (con el frío que hace) y no llevan bigote, y están obligados por decreto no de ley a veranear en Majorka. Me encanta cuando dicen: ¿pasean a los perros? ¿Qué pasa, que los perros no saben pasearse solos? Me sentí muy identificado con los turcos, sobre todo en la escena del metro. O en Alemania todos los metros son iguales, o era el metro de Múnic. Y los edificios feos son iguales que los edificios feos de Múnic. No lo dicen en ningún momento, pero la ciudad alemana donde transcurre media peli tiene, que ser Múnic. En otra película, The Commitments, dicen que los irlandeses son los negros de Europa. Yo creo que casi toda Europa, menos los vikingos, somos los negros de Europa.

Contenido extra. La sopa de piedra:

Intocable

Ayer volví al cine, a l’espai V.O. de l’Hospitalet. La verdad es que la oferta no es gran cosa. Ver una película de fuera de temporada en versión original, a veces películas 3 o cuatro años después de su estreno, por cinco euros, me parece bastante caro. Además, ir y, sobre todo, volver del Gran Via 2 me da bastante fiaca. Pero bueno, esta vez me he buscado otra excusa, aunque la película realmente me interesaba. Necesitaba una cámara de fotos, porque la mía solo hace fotos de fundido en negro, y más o menos tenía decidido comprar una Panasonic en el Media Markt. Así, bajaba en Bellvitge H. y no tenía que hacer el transbordo capicúa de ferrocatas Sant Cugat – L’Hospitalet. ¿Qué les costaba unir las dos ramas de FGC? Bueno, supongo que menos que unir las de los tranvías.

La cámara que me compré es un poco más grande y más cara de lo que tenía en mi imaginación, pero creo que es bastante pepino, sobretodo el objetivo, bien grandote cuando está extendido (chúpate esa, Nacho Vidal!). Tiene un montón de opciones, y unos cuantos modos configurables, pero ya lo miraré uno de estos años bisiestos. El caso es que funciona. Aunque creo que, aunque sea de las compactas, va a ser un poco incómoda para llevarla en el bolsillo.

La anécdota que venía de esto de la cámara es que, cuando estaba en la cola para pagar, un chaval de unos dos años se estaba riendo todo el rato. Cuando me giré, me miró y dijo “el nene!”, ya petándose de risa. Y todo el rato, señalándome, “el nene”. Y sus padres, “bueno, un poco grande el nene”. Bué, la gente siempre me dice que parezco más joven de lo que soy, aunque yo creo que simplemente creen que tengo su edad. Este niño lo acaba de demostrar.

De camino al cine, aunque iba justo de tiempo y me dolían los pies por tres sitios por culpa de la brillante idea de comprarme unas abarcas menorquinas en las rebajas, me paré en el IKEA para pedir un poco de rancho de cárcel sueca. Otro niño, en lugar de reír, se quedó flipando con mi cata de refrescos de Ikea (está loco, dice), que acabó con una mezcla de sabores, porque tengo las manos muy grandes y los chorritos están muy juntos. Mezclar es malo.

Con las pilas cargadas de refresco de arándanos, llegué justo a comprar la entrada. La taquillera me pregunta “para la cuatro, ¿no?”. “Sí, com ho saps?”. Se queda un poco cortada, piensa, y contesta sonriendo “Buenu, ja porto temps veient passant gent, i pots esbrinar quina pel·li aniran a veure”. Hoy debe ser mi día de dejar impresiones sobre la gente. No sé si favorables (“buenu, un tio amb ulleres que ve sól al cinema: blanco y en botella”). Creo que era la misma taquillera que la semana pasada. Y creo que será la misma que la de la semana que viene, porque echan una peli en alemán, y esto de no tener clases…

Y, como hacer críticas de cosas que no sean personas es un rollo, solo voy a decir que la peli está bien, que me reí mucho, aunque un poco más tarde que esos vulgares mortales que leían los subtítulos. Tiene diálogos muy muy buenos, y el guión está muy bien llevado. Las partes más surrealistas o delirantes siempre están justificadas por la historia. Por otro lado, en el cine hacía demasiado frío, quizá porque me quité las sandalias.